La Coctelera

The Watcher and The Tower

Blog acerca de cómics, libros, música y lo que tenga a bien su autor.

Categoría: Televisión

30 Marzo 2011

El peligro amarillo.

Vivimos tiempos extraños, en los que han irrumpido con fuerza conceptos como realidad virtual y sociedad de la información. Tiempos en los que no parece estar clara, para ciertos sectores o generaciones, al menos, la frontera entre realidad y ficción. Todo es tan difuso que puede acusarse de "pedófilo" a A Serbian Film y todos los tertulianos supuestamente de izquierdas aplauden entusiasmados pero nadie se plantea, por ejemplo, llevar a Sylvester Stallone a los tribunales por sus múltiples asesinatos en el cine.

A eso, sumémosle la mojigatería, los lobbies que se indignan por todo, el miedo a ofender, a la demanda millonaria, sazonémoslo todo con unas gotitas de fundamentalismo religioso, del que sea, y, voilà, aquí tenemos a la estrella del momento: la corrección política. La censura del siglo XXI. Nacho Vigalondo hace un chiste más o menos bueno (es lo de menos) y lo despiden, porque, uy, ¿y si se enfada alguien? La cabaña del tío Tom lleva años vendiéndose mutilada en EE UU porque, supuestamente, contiene estereotipos racistas. Y a todo el mundo le parece bien, porque, claro, "tú libertad termina donde empieza la mía". Pues bueno, lo siento, pero yo me cago en esa frase, que no es más que una pura falacia y un puto lugar común para conversación de tarugos. ¿Qué significa eso? Pues justo lo que cada uno quiera que signifique.

Hoy, significa que si tú haces algo que yo decido que me ofende, cualquier cosa, te coges tu libertad de expresión y te la metes donde te quepa, porque "todo tiene unos límites". O mejor, mi favorita, la frase más facha que ha conocido el hombre: "una cosa es la libertad y otra el libertinaje".

Pues nones. Si la libertad no puede ser libertinaje, entonces no es nada. El único límite debe estar en los tribunales. Punto. Y más cuando hablamos de humor. La calidad de una democracia se mide por lo lejos que puede llegar su humor. Para mí, en el humor vale todo. Y cuando digo todo, es todo. La función del bufón es arremeter contra lo que sea, sin límites, sí, porque el humor es catarsis. Sea bueno o sea malo, que más de uno usa como pretexto la baja calidad de una obra para cargársela. Pero hoy en día todos estamos muy susceptibles y trascendentes. Se nos ha olvidado reírnos de nosotros mismos y por eso no nos mola un pelo que se rían de nosotros los demás. Nos hemos vuelto gilipollas, vamos. Todo nos ofende. Resultado: así no tiene ni puta gracia hacer humor ni hacer nada, y todo se vuelve blanco e inofensivo. Los productos anodinos de diseño inundan el mundo. Y a todo el mundo le parece bien, sí. Pagamos con sangre nuestra libertad y luego la regalamos para que nadie se enfade y seamos todos amiguitos.

Ah, que con el calentón se me olvidaba: todo esto viene a cuento de esta noticia  que me ha cabreado sobremanera. Esto en Europa, ¿eh? No en una república marxista ni en una pseudoteocracia musulmana. Right here. Para que nadie se ofenda ni se traumatice, o se alarme indebidamente. En fin, todo esto no hace sino aumentar el increíble valor de una serie, The Simpsons, que más allá de la sobredosis a la que nos somete el canal que lo emite en España y de las penosas últimas temporadas, vale un potosí. Sólo un producto subversivo genera estas reacciones por parte del poder.

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9 Marzo 2011

Televisión: Ulises 31.

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La nostalgia suele ser mala consejera, y más en lo que se refiere a la nostalgia de los años de infancia. Cuántas series, películas o tebeos malísimos han obtenido con el paso de los años la categoría de "de culto" gracias a la benevolencia que suele mostrarse con aquello que marcó la infancia. Hay que desmitificar muchas, muchas cosas. La gran mayoría de series de dibujos animados que veíamos de pequeños serían hoy infumables. Pero hay excepciones, claro. Fraggle Rock, aunque no sean dibujos, me sigue pareciendo hoy una maravilla. El anime de Sherlock Holmes es una joya. David el gnomo, otra. No, lo siento, He-man era una mierda.

            Pero me lío. La cuestión es que estas últimas semanas he estado viendo, por primera vez desde que era pequeño, una de estas series "de culto": Ulises 31. Poca nostalgia puede haber cuando, más allá de la pinta de los personajes no recordaba absolutamente nada de una serie que debí de ver con, como mucho, cinco años. Pero me ha parecido excelente, por eso creo que merece la pena reivindicarla un poco.

            La premisa de la serie es muy llamativa: una traslación del viaje de Ulises en La Odisea a un contexto futurista en el que el Mediterráneo se transforma en un universo entero y las islas en las que Ulises paraba y vivía sus aventuras en planetas y bases espaciales. Ulises enfurece a los dioses al matar al cíclope, y es condenado a vagar por el espacio a bordo del Odiseo, una gigantesca nave espacial, al tiempo que toda su tripulación queda en animación suspendida. Solamente su hijo Telémaco y una alienígena, Thais, se libran de la maldición y acompañan a Ulises en sus aventuras. El robot Nono, ineludible concesión al público infantil, empieza siendo más que cargante, pero como no es un inútil total —más R2D2 que C3PO, para entendernos—, se le acaba tolerando. 

            Con esta premisa tan simple, los guionistas de la serie recurren siempre a una mecánica similar para urdir los veinticuatro episodios de la saga: La nave de Ulises se acerca a un planeta habitado, o a otra nave, o a algún tipo de base espacial, y el héroe vive una aventura que recrea, más o menos fidedignamente según el episodio, un mito, normalmente griego, aunque no necesariamente contenido en La Odisea. En Ulises 31 veremos al Minotauro, a Teseo y Ariadna, a la Esfinge, a las Sirenas, a Circe, a Calipso, y a dioses como Cronos, Zeus o Poseidón, máximo antagonista de Ulises, que mandará tras él a su flota de naves, los Tridentes.

            Es una serie extraña ésta, fruto quizás de un momento concreto y desde luego de la colaboración entre Francia y Japón. Pero es toda una rara avis en la animación de su época, 1981. No porque sea buenísima la técnica, sino por el tono y la cuidada ambientación. Todos los mitos son reinterpretados bajo el prisma de una ciencia ficción muy de su época, de ritmo lento, reflexiva, con poca acción, por momentos incluso poética. Hay, evidentemente, episodios mejores y peores, pero hay algunos realmente buenos, que funcionan muy bien como relatos breves de ci-fi, no muy alejados de lo que podía verse en la literatura del momento o en los cómics —más de una vez me he acordado de Moebius viendo la serie—. Y la ambientación, como decía, cuidadísima. Los diseños de escenarios son realmente buenos, y tanto las ropas como los utensilios que suelen aparecer están muy cuidados. Sobre todo, destacan las naves: se nota que hay japoneses en el meollo, claro. Especialmente impresionante es el Odiseo, una nave enorme, circular, con un ojo en su centro, manejada por la computadora de a bordo, Shirka, una especie de versión femenina y benigna de Hal 9000. La música es otro elemento de interés: realmente buena y sorprendente. No hablo de la cabecera, que es una canción de tantas de la época, sino de la banda sonora que se escuchaba durante los capítulos, llena de guitarras y teclados y con un toque inconfundible del rock progresivo que se hacía a principios de los ochenta y que se ajusta como un guante al tono de la serie.

            Ulises es un héroe de una pieza, unidimensional, que no duda jamás y que se enfrenta sin miedo a lo que sea con tal de volver a la Tierra. No es precisamente complejo, pero no importa demasiado, ya que la mayor parte de las veces el interés del episodio está en el mito que se recrea o en los personajes secundarios que se va encontrando Ulises. Los episodios que mejor sabor de boca me han dejado son los dedicados a Circe, al Minotauro y Teseo —en el que Ulises mata al Minotauro para descubrir que éste sabía el camino al a Tierra—, Atlas o Cronos —con Telémaco y Thais envejeciendo a ritmo vertiginoso y Ulises dando marcha atrás al reloj del universo empujando sus agujas para solucionarlo—, la historia en la que viaja en el tiempo y se encuentra con el Ulises griego, y especialmente el episodio de Sísifo, una historia sombría con sorpresa final puramente ci-fi, a la altura de cualquier relato reputado de la época. Y el último capítulo, claro, en el que Ulises es tentado con la posibilidad de volver a casa con los niños siempre que deje atrás a sus compañeros, a lo que se niega, tras unos inolvidables segundos de reflexión que lo dotan de la profundidad que le ha faltado durante toda la serie.

            Si gusta la ciencia ficción de este estilo, merece la pena echarle un vistazo, al menos a los mejores episodios. Son autoconclusivos y se entienden perfectamente. Ulises 31 ha sido una agradabilísima sorpresa, una serie cuidada y con unos guiones exquisitos, que pese a estar lastrada por las imposiciones típicas de las series infantiles —Ulises rara vez mata, el humor tonto de Nono, o el sexo, que siempre es tabú, y eso que pretendientes no le faltan a Ulises— tiene un cierto tono adulto que la hace disfrutable hoy en día sin tener que recurrir a la nostalgia, y que se disfruta mejor en dosis pequeñas que en atracones.   

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8 Marzo 2011

Internet está matando a la cultura.

Iba a escribir un post ácido e irónico sobre algo que me ha pasado últimamente (o a intentarlo, porque la ironía, como la tortilla de patatas, requiere de algo más que buenas intenciones para que quede en su punto), pero creo que es más divertido si expongo sin más ciertos datos. A ver:

Monty Python Flying Circus (Serie Completa).

Precio en Fnac España: 39,90 euros.

Precio en Amazon.uk, teniendo en cuenta que la libra está más cara que el euro, e incluyendo los gastos de envío: 18,45 euros.

Salario medio anual en España (en 2008): 21.500 euros.

Salario medio anual en Reino Unido (en 2008): 46.058 euros.

O sea: el salario medio anual es más del doble en Reino Unido, pero el producto cuesta más del doble en España. El precio relativo es unas cuatro veces más alto aquí que allí. Que cada cual saque sus propias conclusiones sobre los motivos de que España sea la "primera potencia en piratería", que a mí me da la risa.

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28 Febrero 2011

El Papus, anatomía de un atentado.

Si tienen un ratejo, úsenlo para ver este excelente documental que emitieron la semana pasada en La Dos, sobre uno de los sucesos más oscuros de la transición. Imprescindible, en serio.

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14 Noviembre 2010

Vuelve Misfits.

Una excelente noticia: ayer comenzó al fin la segunda temporada de Misfits, esa serie inglesa que el año pasado tanto me divirtió. Serán poquitos capítulos, de nuevo, para contar lo justo, lo que tenga que contarse, sin estirar el chicle, sin porristas lloricas y sin giros absurdos. A ver qué tal el primer capítulo, ya disponible.

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25 Septiembre 2010

Han vuelto.

Los chicos de The Big Bang Theory, cuyo primer episodio de la cuarta temporada está ya disponible en la red. Y han vuelto como siempre; me he descojonado durante todo el capítulo. Me parece realmente admirable que no se les haya quemado aún el invento a sus creadores y que la cosa siga funcionando tan bien sin aburrir ni repetirse, cosa que no es nada fácil -y no miro a nadie, ¿eh, House?-, y menos con un reparto tan corto. Por eso quizás han hecho una jugada maestra: buscarle a Sheldon la novia perfecta. Y ahí siguen, frescos cual lechugas. ¡Y que dure!

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3 Septiembre 2010

The Sandman... ¿TV Show?

Ya es casualidad que justo cuando acabo de terminar de releerme la serie, a ratos y con los arcos argumentales desordenados, salte esta noticia. Y bueno, no es que me emocione demasiado, pero es que en general no me entusiasman las adaptaciones. También hay que decir que en principio, el formato de serie televisiva me parece mucho más adecuado y me transmite más tranquilidad que el cinematográfico, por motivos de ritmo y de duración. Pero claro, uno empieza a pensar en todos los escenarios que aparecen en The Sandman, y se pregunta qué presupuesto hace falta para mostrarlos: el Sueño, Fairie, el Infierno, la Roma imperial, la Inglaterra Isabelina... No es moco de pavo. Y luego, claro, está el protagonismo coral, algo a lo que ahora estamos acostumbrados con series como Lost o Heroes, pero que en The Sandman implica crear a muchos personajes mediante ordenador —más gasto por tanto—, y que además Neil Gaiman llevó de un modo particular: en cada arco encontramos diferentes personajes que copan el protagonismo, hasta el punto de que en muchas historias Morpheus tiene una importancia casi anecdótica. Y luego, claro, están los episodios autoconclusivos que salpican la saga central y ofrecen información muchas veces vital para entender ésta... Complicado llevar la estructura de una serie así a la televisión. Desde luego no me parece posible hacerlo a lo bestia, de manera lineal y a un episodio televisivo por cómic de grapa. Tendría más sentido hacerlo adaptando esa historia central, modificando lo que fuera necesario, con cabeza, y a poder ser con la supervisión de Gaiman, aunque, a estas alturas, la verdad es que ha dilapidado buena parte del prestigio conseguido con The Sandman. No confío ya mucho de que fuera capaz de hacer algo digno. Aunque hay otra opción, la que yo escogería si estuviera en mi mano: hacer una serie de "Historias de The Sandman", relatos cortos autoconclusivos en los que se fuera presentando todo el universo de los cómics, sin ceñirse a lo contado en ellos necesariamente. Ya se verá. Confieso que tengo cierta curiosidad, aunque la cosa tenga todos los números para ser un fiasco, si es que al final se termina haciendo, claro. Que la película de Muerte lleva "haciéndose" no menos de diez años...

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10 Febrero 2010

Héroes: Hasta los huevos.

Parece que ya nadie habla, y con razón, de Héroes, aquella serie con una primera temporada magistral que parecía revolucionar y actualizar el género de los superhéroes en un medio hasta entonces prácticamente inexplorado. Pero uno, que tiene más tiempo libre del que debería, ha seguido religiosamente los cinco volúmenes que hasta el momento se han emitido, cada vez con menos audiencia, cada vez con menor calidad. Salvo un repunte al principio de la tercera temporada, que coincidió con la patada en el culo a Jeph Loeb, pero que al final duró tres capítulos, Héroes no para de caer. Ya casi se ve como si fuera una comedia, porque de otra forma las constantes incoherencias argumentales, los diálogos de besugos, las situaciones a las que los guionistas dan vueltas y vueltas para no llegar a ninguna parte, serían insoportables. No tiene sentido que de cinco volúmenes, cinco tengan como argumento principal evitar un futuro muy chungo que algún personaje ha visto. No tienen sentido los cambios de bando de Sylar, ni la manera en que siempre quitan de en medio a Hiro, porque, claro, éste podría solucionar cualquier situación en un pis pas y así no habría novela, que decía Zaratustra —el de Valle, no el de Nietszche—. Me habría propuesto no volver a tratar aquí nada relacionado con esta serie que se ha convertido en una auténtica castaña, con una coherencia interna por debajo de los X-Men de Scott Lobdell. Supongo que mi percepción es aún peor tras ver una serie tan bien realizada, en todos los aspectos, como Misfits. Pero lo que vi ayer clama al cielo.

            Último episodio del volumen. El conflicto final va a tener lugar en una feria, en Nueva York. Sylar —que ahora es bueno: sí, la serie que no tenía "malos" y "buenos" ahora es así de maniquea y simple— y Peter están en casa de Matt Parkman, en la otra punta del país. Vemos una escena allí. Después vemos una en la feria, en la que ya se ha hecho de noche. Otra escena, y luego vuelta a la casa de Parkman, de donde Peter y Sylar salen hacia Nueva York. Otra escena, y en la siguiente, los dos amiguetes ¡ya están en Nueva York! Tres cuartas partes de lo mismo con Bennet y la cansina de Claire —qué pena que no se la pueda matar, en serio, qué antipático puede llegar a hacerse el personaje—: en una escena están en medio de EE UU, llega un helicóptero a buscarlos, y en la siguiente escena ya están también en Nueva York. Lo más divertido: Hiro, que es el único que puede teleportarse, aunque no lo parezca, llega el último -porque si llega el primero, una vez más, no habría novela-. Ridículo. No me extraña que ya no pongan los rótulos con la situación geográfica de la escena: pensarán que así no canta tanto. EE UU parece mi barrio. Uno pensaría que el montador se ha tomado algo raro si no fuera todo esto una constante en la serie desde hace mucho tiempo. No se lo toman en serio, y por lo tanto yo tampoco puedo. Los guionistas no se curran nada las tramas, y el espectador siempre tiene la sensación de que se cansan de la que tienen entre manos y simplemente la acaban de cualquier manera, acelerando todo en el último capítulo, sin trabajar adecuadamente los clímax, mientras ya están deseando empezar el siguiente volumen, que promete ser la leche, hasta que en dos capítulos se vuelva a caer otra en los mismos errores.

            Este volumen ha sido aburridísimo. No hay sorpresas, no hay ya esos cliffhangers cojonudos al final de los capítulos, no hay ni un solo personaje nuevo que interese mínimamente. Se juega una vez más a la ambigüedad con el malo que toca este mes, Samuel, pero desde demasiado pronto se ve cuáles son sus verdaderas intenciones y se pierde interés. Ni siquiera tiene uno curiosidad por ver cómo acaba la cosa. No podría ser más simple: Peter tiene un sueño en el que ve el final del volumen, y ocurre JUSTO lo que ha soñado. Emoción cero. Curro por parte de los guionistas, cero también. Puro trámite, "vamos a acabar esto por no dejarlo a medias, pero vamos, que nos importa una mierda".

            En fin, para qué seguir. Para qué hablar del hecho de que dos días después de ser operado de un tumor cerebral Hiro ya esté perfectamente y con el pelo de la cabeza como siempre, para qué mencionar lo absurdo de que Samuel mande contra Sylar y Peter a un tipo cuyo único poder es hacer dobles, o lo odioso que se ha vuelto Matt Parkman, o lo mal que queda y lo mucho que canta que algunos personajes salgan de las tramas porque sus actores han firmado menos episodios —Mohinder, por ejemplo—. El sexto volumen parte de una situación que debería haberse dado hace mucho, mucho tiempo: que se haga público que hay gente con poderes. Dudo mucho que se explote debidamente. Lo más probable es que todo siga igual, o que en el siguiente capítulo se desdigan —es tan fácil que Hiro viaje en el tiempo e impida que la porrista se vaya de la lengua—. Da lo mismo. Héroes ha perdido toda su credibilidad e interés. Ha caído en los mismos problemas que sufre el género en los cómics, y alguno más. Porque al margen de argumentos y personajes, Héroes está mal hecha como producto audiovisual. Por la desgana, por las prisas, pero también por el evidente tijeretazo al presupuesto que le han debido de meter por la contínua bajada de audiencia. Diría que ahí queda la primera temporada de la serie, pero no me atrevo: miedo me da volverla a la vez sabiendo lo que va a pasar después.

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