La Coctelera

The Watcher and The Tower

Blog acerca de cómics, libros, música y lo que tenga a bien su autor.

10 Enero 2009

Cómics sobrevalorados de ayer y hoy (II).

The Ultimates (Mark Millar y Bryan Hitch).

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La versión “definitiva” de los Vengadores es un buen tebeo de acción, divertido y para pasar el rato. Pero ya está. De ahí a considerarlo uno de los cómics más importantes de los últimos años o compararlo con Watchmen —¿estamos locos o qué?— media un abismo. Para mí esta serie más que una obra maestra es el mejor ejemplo del complejo de inferioridad que muchos tienen, sin saberlo, respecto al cine. Esgrimir como argumento de la excelente calidad de The Ultimates que es “la mejor película posible de los Vengadores” es expresar implícitamente que el cine es superior al cómic como medio y por tanto en la medida en la que éste adopte estética y recursos de aquél, será mejor, y con esto no podré estar de acuerdo jamás, y menos en este caso, en el que sí, se intenta imitar al cine, pero concretamente al cine de acción americano de los últimos años, que es… bueno, todos sabemos cómo es. El guión de Mark Millar está lleno de las mismas flipadas, los mismos diálogos guays llenos de sentencias que hacen las delicias de la chavalada yanqui, pero argumentalmente, no deja de ser lo mismo de siempre. No supone ninguna revolución, más allá de ser la máxima expresión de los superhéroes post 11S: héroes duros para tiempos duros, cuero por todas partes —en esto tiene mucho que ver Matrix, también—, destrucción a gran escala… Una tendencia, una forma de hacer género de superhéroes que con el tiempo acabará viéndose tan ridícula como los tebeos de los 90 de grandes armas y dientes apretados. Además, estos héroes altamente militarizados no son los Vengadores, aunque lleven sus nombres. El Capitán América es un facha violento que compadrea con G.W. Bush, Nick Furia un psicópata, Hank Pym otro. Todos los personajes tienen el rostro de algún actor de Hollywood, cosa que a mí por lo menos me molesta profundamente, pero que para muchos es el no va más. Simplemente, es una serie que no se puede tomar en serio, porque si nos ponemos a analizar el contenido ideológico y político de estos cómics, como hacen muchos al compararlo con Watchmen, la cosa se cae por su propio peso. La reflexión es pueril, o mejor dicho, no hay reflexión. Millar quiere hacer una especie de crónica de su tiempo que le queda grandísima y que no procede en un cómic como éste, y además, es reaccionaria, en consonancia con la política americana de entonces. El final del segundo volumen es el sueño húmedo de cualquier neocon: los Ultimates van a Irak a buscar armas de destrucción masiva… y las encuentran. Y los países del “Eje del Mal” son malvados y envían a su gente con superpoderes —todos identificables como villanos— a conquistar EE UU, con tácticas depravadas y masacrando civiles de paso —mientras que los Ultimates respetaban los derechos humanos—. Al final, claro, se llevan lo suyo, y mueren tras oír algún chiste jocoso y guay. Todo esto justo antes de mandar a paseo el scope de la serie y empezar a aparecer por ahí extras de las películas de El Señor de los Anillos, en forma de asgardianos y trolls que se dan de hostias durante unas veinte páginas, muchas de ellas sin texto. Lo siento, pero no cuela. Un tebeo entretenido para leer con el automático puesto, y ya está.

Sin City (Frank Miller).

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Más allá de los hallazgos formales y narrativos de esta obra —que los tiene—, la serie de Frank Miller adolece de una simplicidad que va de lo permisible en las primeras historias a lo insultante en las últimas. Un tebeo no puede limitarse a ser estéticamente impactante, como lo es Sin City; tiene que contar algo. Y aquí lo que encontramos es básicamente la misma historia una y otra vez. Como siempre pasa con Miller, en realidad. Siempre el mismo arquetipo como protagonista —hombre duro, que confiaba en la sociedad y que, al descubrir que todo está podrido, impone su propia ley y al final el bien que consigue le redime de sus pecados—, siempre las mismas mujeres fatales, las mismas obsesiones. Una vez, vale, dos pasen, pero en Sin City creo que se pasó estirando la idea. Además, aunque insista en que está haciendo género negro, de alguna manera no deja de ser, otra vez, una colección de historias protagonizadas por superhéroes —no hay otra forma de que aguanten tal cantidad de disparos a bocajarro o salten por los tejados con tanta facilidad—. Y el narrador en primera persona en los textos de apoyo —uno de los elementos que siempre se suelen destacar— puede sonar contundente y efectivo, pero, más allá de eso, ¿qué hay? Nada que no hiciera ya Miller mucho mejor en Daredevil. En Sin City comienza con ganas y acaba siendo una parodia de sí mismo, como lo ha sido desde entonces hasta ahora, y cada vez más —salvando 300, posiblemente—. Así que, para mí, de obra maestra nada. Más allá de la labor gráfica, esta serie “adulta” —tal y como entienden los yanquis el término— no ofrece nada de verdadero interés o que no pueda encontrarse, con mucha más calidad, en otras obras.

Astonishing X-Men (Joss Whedon, John Cassaday).

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Sólo la endogamia que en ocasiones muestra el lector de superhéroes y la escasa calidad media de las publicaciones de Marvel en la actualidad pueden explicar el encumbramiento de esta serie. Y no es que sea una mierda. De hecho es un tebeo entretenido, de lo poco de mutantes legible que se ha hecho últimamente. Tiene buenos diálogos —aunque los personajes hablen más como personajes de Whedon que como lo que son realmente—. A mí me gusta, y fue de las pocas novedades de Marvel que seguí y compré el año pasado. Pero de ahí a compararla con la etapa de Claremont y Byrne en la serie madre de la Patrulla-X… Pues no. Hay un problema de base, que es la forma en la que hoy se piensan y se hacen los cómics de superhéroes. Ya casi nunca pasa nada en un tebeo de veinticuatro páginas. Todo se piensa para el posterior tomo recopilatorio, y eso, al final, acaba dando como resultado tebeos sin demasiada sustancia, con argumentos demasiado inflados, y la realidad es que la historia del primer arco argumental de Whedon la habrían contado Claremont y Byrne en tres números. Eso no significa que Astonishing X-Men no tenga buenos momentos, ya digo que la seguí con ganas. Pero está muy lejos de ser una obra maestra, ni siquiera si nos quedamos únicamente en los superhéroes.

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