El papel de la mujer en los cómics Marvel (II).
En 1966 la entrada de Roy Thomas en los guiones de varias series de Marvel marca el inicio de esta segunda etapa en la que he dividido la historia de la editorial para este estudio, etapa que considero que finaliza con la entrada de Chris Claremont en X-Men en el año 1975.
Son años extremadamente agitados en lo social, incluyendo el movimiento feminista. En 1963 Bettie Friedan había publicado La mística de la feminidad dando inicio a la considerada segunda ola feminista, que pronto será un movimiento organizado por todo el país, vinculado ideológicamente a una nueva izquierda y a un clima dominado por las luchas sociales a todos los niveles. La progresiva radicalización de los postulados feministas debe verse en el mismo contexto en el que se encuentran la lucha de Martin L. King por los derechos de los negros, las revueltas estudiantiles en los campus universitarios de todo el país o las manifestaciones antibelicistas que pedían el fin de la guerra de Vietnam. Estos movimientos contestarios, que tienen su momento culminante en el mayo del 68 y que aún pervivirán durante buena parte de los setenta, suponen una revolución social a varios niveles, revolución que hoy, a juzgar por el mundo en que vivimos, puede parecer fallida, pero que en su momento tuvo meritorios y necesarios logros.
El movimiento feminista, organizado como decía por todo el país —en una asociación nacional fundada en 1966, NOW, National Organization for Women—, contaba con seminarios, centros de acogida y salas de conferencias, y progresivamente iba alcanzado más notoriedad, al tiempo que, como sucede en todo movimiento con afán radical o revolucionario, surge dentro del mismo una corriente encabezada por la activista Shulamith Firestone, que abogaba por extremar el discurso y las actuaciones feministas. Dicha rama acaba por escindirse y fundar un movimiento feminista radical que estará en activo entre 1967 y 1975, con Firestone como máxima representante. El exaltado y delirante ideario de Firestone se basaba en el discurso marxista casi punto por punto, cambiando al burgués propietario por el varón y añadiendo unas gotas de un socialismo utópico desaforado y completamente fuera de tiempo y lugar. La activista mantenía una línea de confrontación con el hombre en el que, tomando el camino fácil de culpar al otro sexo de todos los males del mundo —muy en la línea de los que afirman hoy que el mundo sería un lugar mejor si gobernaran las mujeres, axioma que demostró ampliamente la respetable señora doña Margaret Tatcher—, evitaba cualquier autocrítica y sostenía que el camino para liberarse era acabar con la familia y la "tiranía reproductiva", con la organización social capitalista, así como con la infancia, de modo que la sociedad en su conjunto criaría a los niños tratándolos como a adultos, incluso de cara a posibles relaciones sexuales.
No hace falta ahondar mucho más para entender por qué el discurso de Firestone, perdida en divagaciones teóricas extremistas más propias de una distopía que de la realidad de su momento, se acabó quedando sin seguidoras, a favor de otras corrientes que sin ser menos combativas eran más razonables.
Pero, ¿tenían estos movimientos feministas y sus desarrollos teóricos repercusión en la sociedad estadounidense? Es evidente que sí. Se pusieron de manifiesto las desigualdades entre ambos sexos en todos los ámbitos, no sólo en el laboral, y se tomó conciencia de que la realidad se estaba transformando de forma imparable. La mujer estaba empezando a acceder a puestos de trabajo hasta entonces reservados para el hombre, y es también la época en la que llega a la universidad y al mundo académico: hay más cosas, y se da cuenta, más allá de la familia.
En este contexto social, los cómics escritos por Stan Lee corrían el peligro de quedarse desfasados a cada momento, no sólo en la visión dada de la mujer, sino de toda la sociedad en su conjunto. Y eso, para un universo de ficción que pretendía reflejar esa sociedad, era algo intolerable. No sé si ése fue motivo para que Lee decidiera, en 1966, empezar a ceder el testigo de casi todas las series de la editorial a guionistas más jóvenes. El principal fue sin duda el agotamiento tras cinco años frenéticos de trabajo no sólo como guionista, sino también como coordinador y editor. Así se inicia un proceso de transición en el que entran toda una serie de nuevos profesionales que siempre bajo la supervisión -intuyo que más simbólica que otra cosa- de Lee se van ocupando de buena parte de las cabeceras. En 1968, Stan Lee guioniza ya únicamente Fantastic Four y The Amazing Spider-man. Los nuevos guionistas comparten varios rasgos en común que me interesa destacar para el objeto de este estudio. Estaban ideológicamente situados a la izquierda de las vacas sagradas de la editorial. No vivieron la Segunda Guerra Mundial o eran unos niños, y son en general hombres medianamente cultos, que han pasado por la universidad y tienen unas lecturas a cuestas que volcarán en su trabajo. Todo eso hace que sean mucho más permeables a los movimientos sociales emergentes, y que su ideario político sea muy distinto en temas, por ejemplo, como el patriotismo. Esa juventud hace que estén mucho más en contacto con la mujer moderna y joven de los años sesenta: tienen amigas, han ido a la universidad con ellas. Las entienden y al menos a priori están más capacitados que cuarentones como Lee o Kirby para entender el movimiento feminista.
El primero de aquellos nuevos guionistas fue Roy Thomas. Entró en la editorial como asistente pero pronto firmará sus primeros guiones, primero como coguionista junto a Lee, tal vez por hacer menos traumática la transición, y después ya en solitario. Amante de la Golden y la Silver Age y de la literatura —tanto pulp como clásica— Thomas es junto con Lee el autor más importante de la historia de la editorial a la hora de establecer la idea misma de Universo Marvel. Racionalizó el concepto de la continuidad, hasta entonces poco más de una intuición personal de Lee, y conectó la historia de Marvel con su pasado remoto, cuando ni siquiera se llamaba Marvel la editorial —retrocontinuidad, lo llamaron—. Con los años acabaría sucediendo a Lee como editor en jefe.
Thomas tenía sólo veintiséis años cuando Lee le confía The X-Men, colección que vendía mal, tanto que en aquella época era bimestral y finalmente sería clasurada. Al año siguiente, en enero de 1967, Lee le cedía los bártulos de una de las colecciones banderas de la editorial: The Avengers. El trabajo de Thomas es claramente continuista respecto al de Lee, tanto en personajes como en enfoque, y en otros aspectos más sutiles, entre los que estarían la visión de la mujer mostrada en sus colecciones. Ya se vio en el anterior artículo, no obstante, que antes de este momento Lee ya había empezado al menos a dar más poder a las principales superheroínas de la editorial: La Avispa tenía un aguijón, la Chica Invisible había aprendido a crear campos de fuerza, la Chica Maravillosa y la Bruja Escarlata iban poco a poco incrementando su poder. Pero seguían subordinadas claramente a sus compañeros masculinos: esas mejoras eran casi en todos los casos debidas a la ayuda de hombres. Y seguían siendo minoría en sus respectivos grupos, ocupando lugares muy secundarios en los argumentos. Gracias a los nuevos dibujantes que irían llegando a la editorial serían además aún más bellas y de cuerpos más esbeltos y delicados. Steve Ditko o Jack Kirby no estaban tan dotados -o interesados- como John Buscema o John Romita en el dibujo de la anatomía femenina, pero estos dibujantes —el primero heredero de Harold Foster, el segundo curtido en los años previos en cómics románticos— sí lo están. Con ellos además las superheroínas irán a la moda del momento, y serán más atrevidas tanto en sus uniformes como en la ropa de calle.
Volviendo a los guiones, la llegada de Thomas está lejos de cambiar las cosas de golpe. En sus primeros números mimetiza totalmente el estilo de Lee y también su manera de escribir mujeres. Poco a poco, Thomas va encontrando su propia narrativa y un tono distinto al de su predecesor. En X-Men Thomas además de ir dotando de más poder a la Chica Maravillosa, le da un papel relevante en el grupo al hacerla núcleo del mismo junto a Cíclope. Cuando el Profesor Xavier decida fingir su propia muerte engañando a hombres-X y lectores por igual, Jean Grey será la única a quien confíe la verdad, poniendo de manifiesto la relación paterno-filial que existía entre ellos, y que impedía, junto con la relación sentimental siempre frustrada con Cíclope, que Jean actuara como una mujer verdaderamente independiente.
En The Avengers, rompe la norma no escrita de no contar nunca con más de una mujer en el grupo al hacer coincidir en el mismo a la Avispa y la Bruja Escarlata, más la Viuda Negra, que no es miembro oficial pero ayuda frecuentemente a los Vengadores. Están aún lejos de tener personalidades fuertes e independientes dentro del grupo, pero al menos, aunque tímidamente, comienzan a tener tres dimensiones. Son más capaces y empiezan a librarse del papel de eternas secuestradas o desmayadas por la tensión. También se quejan veladamente del machismo de sus compañeros, pero nunca dan la impresión de ser más que leves protestas rara vez tomadas en serio por los héroes varones. La Bruja Escarlata, ante la orden de su protector hermano Mercurio de quedarse atrás ante el peligro potencial de una situación, le replicará que "...la Bruja Escarlata es tan vengadora como Mercurio... ¡no me quedaré atrás!" (The Avengers #36). Quizás sea ella la que desarrolle en la serie de los Vengadores una personalidad más fuerte en esta época, pese a que siempre está unida a Mercurio y con él va y viene del grupo. Con el tiempo, y a la vez que rechaza las propuestas amorosas del impetuoso Ojo de Halcón, confesará que está enamorada del androide Visión (The Avengers #103), uno de los mejores y más complejos personajes creados por Thomas. La relación con él apartará a su hermano, que no aprueba, en el papel de hermano sobreprotector, que su hermana salga con un ser artificial. La Avispa por su parte sigue siendo una chica despreocupada y frívola, pero con Thomas gana en matices y deja de ser tan absurdamente plana como personaje, y toma una parte más activa en el devenir del grupo. Siguen sus flirteos, pero pronto se afirma en su amor por Hank Pym. El científico sigue siendo el motivo por el que permanece en el grupo, y de hecho lo abandonaría de buena gana si él también lo hiciera, tal y como nos revela un globo de pensamiento: "Si Hank no recupera sus poderes, quizá ambos lo dejemos... ¡y nos casemos!" (The Avengers #50). Que la máxima aspiración de una mujer supuesta liberada y aventurera sea casarse no podría ser más significativo.
Es inevitable, y extraordinariamente útil para este estudio, fijarse en The Avengers #83, un cómic de contenido muy controvertido. El argumento presenta a un nuevo grupo formado exclusivamente por mujeres, Las Liberadoras (Lady Liberators). Su líder, una nueva heroína llamada Valkiria, hace suyos el discurso y la terminología del feminismo radical de Shulamith Firestone, en aquel entonces, 1970, de plena actualidad. Roy Thomas pone en boca de la Valkiria los argumentos de dicho movimiento: supremacía machista, liberación de la mujer, guerra de sexos. Ya en la cubierta del cómic la Valkiria proclama el fin de los Vengadores refiriéndose a ellos como "cerdos chauvinistas". Aunque la Avispa al principio es remisa a unirse a la causa y se refiere a ella como "protesta de tocador", pronto es convencida por la Valkiria, que pone de manifiesto el secundario lugar de las mujeres respecto a sus compañeros superhéroes, y junto al resto de miembros de las Liberadoras, Medusa, Viuda Negra y la Bruja Escarlata, acude a derrotar a los Amos del Mal y después a los propios Vengadores. Hasta aquí podría parecer que Thomas está criticando el papel que hasta entonces ha tenido la mujer en los tebeos de la editorial y en la serie de The Avengers en particular, pero nada más lejos: el contundente giro de los acontecimientos deja bien claro que lo que pretende es ridiculizar el feminismo: la Valkiria era en realidad la Encantadora¸ poderosa hechicera que, despechada y resentida con los hombres, había usado sus poderes para encantar al resto de Liberadoras y convencerlas de atacar a los Vengadores varones. La analogía es obvia: de la misma manera, las mujeres del mundo real eran "hechizadas" por la retórica de las feministas radicales como Firestone. No hay lugar a otra interpretación del mensaje dado en este cómic toda vez que el personaje que enarbola la causa feminista resulta ser una villana. Es comprensible que Thomas ataque el radicalismo —ya he hablado de hasta qué absurdos extremos llegaba—, pero no creo que únicamente esté criticando el feminismo más extremo. Todas las reivindicaciones de las Liberadoras, incluso las razonables, quedan en aguas de borrajas al final de la historia y desechadas como parte del plan de la Encantadora, y su tono ligero y frívolo les resta cualquier credibilidad reduciéndolas casi a simples caprichos femeninos. En la última viñeta, Goliath, el antiguo Ojo de Halcón, reprende a las rebeldes: "¡Al fin las pavas aprendisteis que la liberación de la mujer es una bobada!", a lo que la Bruja Escarlata responde insultándole ("¡Cerdo chauvinista machista!") y amenazando, sin demasiada convicción, con que algún día las Libertadoras volverán. Muy rara vez volverá a plantearse el tema de forma explícita en este periodo.
Por su parte Stan Lee al concentrar sus esfuerzos creativos en sólo dos o tres series puede dedicarse a experimentar más y dejar de recurrir a fórmulas repetitivas que garanticen la salida mensual de cada título. En Fantastic Four Susan Storm se había casado con Mr. Fantástico (Fantastic Four Annual #3), rompiendo con ello Lee una vez más una norma no escrita del comic-book: que el héroe no debe nunca casarse y su noviazgo ha de ser eterno. Con la boda el rol de madre que cumplía Susan se acentúa, más aún cuando se queda embarazada y deja por ello temporalmente el grupo. Su sustituta será Crystal, una inhumana, hermana de Medusa, con un poder, el de controlar los cuatro elementos, que está bastante por encima de lo habitual en las superheroínas del momento. No obstante, es la novia de la Antorcha Humana, por lo que sigue existiendo un elemento masculino que la vincula al grupo.
Pero será en The Amazing Spider-man donde haga los mayores esfuerzos para acercar el devenir de la serie a la sociedad del momento y a la idiosincrasia de los jóvenes universitarios de la edad de Peter Parker. Lee, junto con el antes citado John Romita, hace crónica de su tiempo y trata, desde su habitual estilo, la guerra de Vietnam, las revueltas estudiantiles, la política, el problema emergente de las drogas —por primera vez en un comic-book post Comic Code Authority, y de hecho fueron publicados aquellos tebeos sin el sello del órgano censor—. La insegura y sumisa —a su jefe, a su hermano, a su novio— Betty Brant y Liz Allen, compañera de instituto de Peter, serán desplazadas en el plantel de secundarios de la serie por Mary Jane Watson y Gwen Stacy, que pretenden ser dos mujeres de su tiempo, a diferencia de las otras dos, probablemente ya desfasadas en el momento de su concepción. Ambas parecen más realistas, más de carne y hueso que las mujeres con superpoderes de la editorial, pero en realidad seguía pesando y mucho la concepción que tenía Lee de la mujer. Sin necesidad de profundizar, es fácil ver en Mary Jane y Gwen los dos estereotipos recurrentes de Lee y de la mayoría de creadores de historieta antes que él: la virgen inocente y la mujer fatal "indomable". La primera es Gwen: angelicalmente rubia, irrealmente perfecta, inocente y sumisa, alegre pero sufridora por amor en silencio como la mayoría de "mujeres Lee". Dado que la serie había crecido con sus lectores, cobraba todo su sentido ofrecerle a los mismos, ahora que estaban en edad de fijarse en las chicas, una novia ideal, que es lo que en realidad simboliza Gwen en su blanco —censura obliga— romance con Peter. Mary Jane es la femme fatale por excelencia: pelirroja, cuerpo de escándalo, modelitos sexys... y bastante cabeza hueca. Siguiendo el modelo de la Avispa, Mary Jane sólo quiere divertirse bailando y estando cada día con un noviete distinto. Es o aparenta ser independiente emocionalmente, y se declara liberada y feminista —un feminismo tal y como lo entendía Lee—, pese a que, por estética y por ética, es un arquetipo totalmente machista: el de la "gatita" que juega con los hombres y acaba enamorada de uno, y sufriendo por ello. La entrada en 1972 del jovencísimo guionista Gerry Conway —veinte años, pero desde los dieciocho en la editorial— se muestra como todo un acierto por parte de Stan Lee para mantener y reforzar el vínculo de la cabecera con la realidad social. Conway hace que el ambiente universitario y la forma de ser de Parker y su pandilla de amigos respiren de una manera aún más real que la de Lee, y de ello se benefician los dos personajes femeninos del reparto. Gwen morirá en pocos números, víctima del Duende Verde, y MJ entrará y saldrá de la serie durante varios años, a la vez que va haciéndose adulta. Conway irá introduciendo a su vez nuevos personajes femeninos más positivos: estudiantes universitarias compañeras de Parker, tan brillantes como él en el campo de la física.
En esta etapa van a crearse toda una serie de nuevos personajes femeninos que aporten variedad y rompan un poco la uniformidad de los ya asentados —la existencia de diferentes guionistas contribuirá a esto—. Polaris, secundaria de The X-Men, tiene poderes magnéticos similares a los de Magneto -con los años se descubrirá que es hija suya-, pero es una chica con problemas mentales que necesita apoyarse en los hombres, primero en el Hombre de Hielo y más tarde en el hermano de Cíclope, Kaos. Lorelei es otra mutante con un poder, al igual que el de Polaris, que puede definirse como femenino: la capacidad de hechizar a los hombres con su canto. Agatha Harkness es una bruja, y una de las primeras mujeres ancianas con superpoderes en el Universo Marvel, que vive sola y no depende de ningún varón. A pesar de ser un estereotipo más, al menos es sabia y poderosa. Dragón Lunar contaba con extraordinarios poderes mentales y una personalidad independiente y agresiva. Desdeña por igual a los hombres y a los mortales -se acabará convirtiendo en diosa-. Es uno de los primeros personajes femeninos que escapa de los dos estereotipos habituales en la editorial. El otro fue Carol Danvers, creada por Roy Thomas en 1968 como una mujer sin poderes, miembro de las Fuerzas Aéreas de EE UU y jefa de seguridad de Cabo Cañaveral. Es presentada como una triunfadora en un mundo tradicionalmente masculino, y años después Gerry Conway desarrollará al personaje como una feminista declarada y convencida, menos vergozante que la Valkiria de Las Libertadoras. Por último, y ya en la década de los setenta, aparecen las primeras superheroínas con poderes claramente físicos y/o buenas habilidades de lucha. La Valkiria, la verdadera, no la Encantadora, era una especie de réplica femenina de Thor. Era la Brunilda mitológica, que se encarnaba en una mortal y luchaba con espada y lanza. Su estética era mucho más agresiva que la de sus antecesoras: piernas descubiertas y unas copas metálicas protegiendo sus pechos. El personaje estaba en la línea de las guerreras estereotípicas de la fantasía heroica. Otro ejemplo fue Thundra, una poderosa guerrera procedente de un mundo, Femizonia, donde las mujeres habían esclavizado a los hombres y formado un matriarcado. Estas mujeres luchan de poder a poder con los superhombres y se rompe con ello el tabú machista del caballero que se niega a golpear a una mujer, que podía verse frecuentemente en los tebeos Marvel.
En conjunto, fue un periodo de transición y de continuidad. Las mujeres seguían en un segundo plano —por ejemplo, no había aún ninguna colección protagonizada por una— y sus roles respondían en la mayor parte de los casos a la visión masculina de la mujer. Pese a ello, ya se ha visto que hay notables avances en la construcción de personalidades femeninas realistas y ajustadas a la sociedad americana de la época. El movimiento feminista influyó inevitablemente en esto, aunque no siempre de forma positiva. Dichos avances son lógicos a poco que se tenga en cuenta la edad e inclinaciones políticas no sólo de Roy Thomas y Gerry Conway, los dos más tratados en este artículo, sino también de otros como Steven Englehart —veinticinco años cuando entró en la editorial—, Mike Friedrich —veintiuno— o Steve Gerber —tan sólo quince años—, pero no son casi nunca fruto de una intención consciente, sino simple coyuntura social. La verdadera revolución en el tratamiento de la mujer llegará con los X-Men de Chris Claremont a partir de 1975, y se verá en la próxima entrega.

Erynus dijo
¿Y que opinas de la Condesa Valentina de la Fontaine, agente de SHIELD que ya en su primera aparicion derriba a Nick Fury con una llave de judo? Eso fue en el '67 y repartía estopa como el que más.
14 Agosto 2009 | 10:12 AM