La Coctelera

The Watcher and The Tower

Blog acerca de cómics, libros, música y lo que tenga a bien su autor.

11 Mayo 2009

El papel de la mujer en los cómics Marvel (III).

Entre los años 1975 y 1991, período en el que encuadro esta tercera parte del estudio por ser el correspondiente a la primera etapa de Chris Claremont en The X-Men, la posición de la mujer en la sociedad y el movimiento feminista experimentan muchos cambios. En la segunda mitad de los setenta, extinguidos prácticamente los fuegos del feminismo más radical, como de hecho se extinguieron muchos otros, la lucha por los derechos de la mujer continuará pese a todo. Pero los años ochenta serán una década cínica e indolente, poco propicia para movimientos sociales. Los jóvenes que en mayo del 68 querían derribar el sistema ahora se han convertido en una acomodada clase media parte de él. El nihilismo se apodera de una sociedad que gira hacia el desencanto y la amargura por lo que entienden que fue un fracaso de la generación anterior: esto es el punk. Las crisis ecónomicas —la primera de ella, la del petróleo, se remonta al año 73— y el miedo a la hecatombe nuclear provocan aún más escepticismo, que en el plano político se traduce en algunos de los regímenes democráticos más ultraconservadores que ha sufrido occidente: Margaret Thatcher en Reino Unido y Ronald Reagan en EE UU.

            En este ambiente pesimista y escéptico, es completamente lógico que también el movimiento feminista pierda fuelle. Es el fin de las manifestaciones multitudinarias y de las oradoras grandilocuentes, pero ahora el feminismo tendrá acomodo en los ámbitos académicos de las grandes universidades y surgirán nuevas doctrinas. Es posible que incluso muchas mujeres sientan resentimiento hacia el movimiento que, proclamaban sus líderes, iba a transformar el mundo, o que, las más jóvenes, consideren que ya no hace falta luchar, que las cosas no son como eran para sus madres. También es cierto que las cosas habían mejorado. Pese a que en la vida doméstica entonces, igual que antes e igual que hoy, la mujer seguía cargando con la mayor parte del trabajo, es evidente que la incorporación de la mujer al mundo laboral seguía imparable, y cada vez en un abanico más amplio, llegando a cada vez más empleos tradicionalmente vetados para ellas, desde el ejército hasta la abogacía. En los EE UU de los ochenta, a pesar de ser una minoría, había ya muchas mujeres que anteponían su carrera profesional a la vida familiar, y que, luchando por abrirse paso en mundos reservados a los hombres, posiblemente estaban consiguiendo victorias más trascendentales que quemar un sujetador.

            Son años también en los que se avanza mucho en ciertos temas: divorcio, aborto, métodos anticonceptivos... Todo ello contribuye a la independencia de la mujer pero también son incuestionables avances para la sociedad entera.

            Parece claro, por tanto, que la mujer de este período va a ser más fuerte, más independiente, que la de la generación anterior, aunque los estereotipos persistan. En la ficción que es el Universo Marvel, cuya máxima seguirá siendo reflejar la realidad social de su tiempo, esta "nueva" mujer se verá representada cada vez más y mejor. Ya no se tratará tanto de reivindicar el feminismo, o de presentar a una mujer "de armas tomar" que lance soflamas contra el macho, sino de presentar con total naturalidad personajes femeninos que sin renegar de su sexo tengan además valores que se ajusten a los que una mujer de la época podía tener, una mujer emprendedora, claro, ya que no se puede olvidar que los cómics Marvel están protagonizados por individuos con cierto aire cotidiano pero también extremos, al menos tanto como hace falta para ponerse un traje y una máscara y arriesgar la vida, por mucho superpoder que se tenga.

            El inicio de esta nueva forma de plasmar a la mujer, que no es más que el siguiente paso lógico tras los paradigmas de Stan Lee y Roy Thomas, se encuentra en la figura del guionista Chris Claremont. Con sólo veinticinco años, comenzó a trabajar en la editorial como tantos otros, realizando labores de asistente y firmando algún fill-in en colecciones secundarias. En noviembre de 1975 obtiene su primera colección regular, Iron Fist, donde ya apunta su interés y especial habilidad para construir personajes femeninos con Las hijas del Dragón, un dúo de investigadoras formado por la expolicía Misty Knight —pareja de Puño de Hierro, protagonista de la cabecera— y la samurai Collen Wing, pero será en X-Men Uncanny X-Men a partir de 1981— donde explote totalmente, modelando personajes femeninos que serán un hito en el género y referencia e inspiración para el resto de guionistas de la casa.

            Aunque la colección, que tuvo que ser cancelada por falta de ventas años atrás, fue relanzada por otro guionista, Len Wein, en el X-Men Giant Size #1, fue Claremont quien tomó las riendas de la serie regular —su primer número, X-Men #94, corresponde a agosto del 75— y a quien se atribuye el enorme éxito de la misma. Sus historias y su estilo de escritura son respetuosos con el pasado, pero al mismo tiempo suponen una ruptura brutal. Con Claremont el género de los superhéroes empieza a entrar en la edad adulta, gracias principalmente a su caracterización de personajes, verdadero fundamento de sus tramas. Partiendo de un puñado de personajes dispares cuyas personalidades estaban definidas con cuatro pinceladas, el guionista construirá durante una saga de dieciséis años unas personalidades complejas y humanas, referente ineludible para el género desde entonces. En realidad lo que hace es simple: es el paso siguiente de la máxima de Stan Lee: "superhéroes con superproblemas". Los X-Men son héroes, pero también son personas, personas que salen de noche con sus amigos, que van al cine, que se enamoran, que fallan, que mantienen largas conversaciones a menudo más memorables que sus batallas. Indudablemente el tono de la serie es más adulto si lo comparamos con sus contemporáneas y sobre todo con sus antecesoras, y esto beneficia la plasmación de mujeres más realistas y más alejadas de los tópicos que los guionistas ofrecían a un público adolescente que, pensaban, no quería más.

            Puedo decir sin temor a equivocarme que por primera las mujeres de un grupo de superhéroes están exactamente al mismo nivel que sus compañeros masculinos. No veremos nunca a una mujer-x protegerse tras los hombres o evitar la toma de decisiones o la asunción del liderazgo en determinados momentos. Son secuestradas no más veces que los hombres. Sus compañeros masculinos no las menosprecian ni tratan con condescendencia, y si en alguna rara ocasión lo hacen, obtienen una contundente réplica muy alejada de las tímidas y débiles respuestas que daban antes las heroínas. Evitan también la dependencia emocional de un varón que prácticamente todas las mujeres de Marvel habían exhibido para justificar su pertenencia a un grupo, y, no es poca cosa, incluso muchas de ellas no estarán enamoradas y no manifestarán ningún tipo de necesidad de estar junto a un hombre. Se dará la circunstancia además de que lejos de ser los miembros más débiles del equipo, varias de ellas serán las más poderosas de entre ellos. Las mujeres de Claremont son tremendamente femeninas, no obstante. El dibujante Dave Cockrum primero y poco después y sobre todo el canadiense John Byrne -que en su etapa colaboró muy activamente en los argumentos y en la construcción de personajes- las dotarán de una apariencia rotundamente sexual. Las mujeres de Byrne son muy atractivas, llenas de unas curvas vertiginosas que sin embargo respetaban aún las proporciones más básicas —al contrario de lo que pasará más adelante; lo veremos—. Pero esa belleza no las hace más débiles o frágiles. Al contrario, tanto en la etapa con Byrne como posteriormente, Claremont hace que en muchos casos tengan poderes físicos y/o unas competentes habilidades de lucha fruto del entrenamiento.  

            Empezando por la más antigua de ellas, Jean Grey, la Chica Maravillosa, experimentará en manos de Claremont una transformación radical a muchos niveles. Hasta ahora una apocada jovencita enamorada de Cíclope y con un papel secundario en el mejor de los casos en el devenir del equipo, la joven Jean empezará ya desde el principio de la era Claremont a mostrar una personalidad más independiente. Cuando su novio Cíclope decida, al contrario que el resto de los miembros veteranos, permanecer en el grupo para ayudar al Profesor-X, Jean decide por sí misma y en lugar de permanecer junto a su amor elige marcharse para seguir con su vida, sin que eso, y esto es importantísimo, suponga romper su relación. Simplemente la siguen a distancia, con toda la naturalidad del mundo. La clave está en que Jean, efectivamente, está enamorada del meditabundo Scott Summers, pero no lo necesita. No depende de él. Al contrario de la Avispa, que años antes veíamos cómo permanecía en Los Vengadores porque su novio así lo hacía, Jean sigue su propio camino y mantiene una vida al margen de una relación sentimental que no la define: es una circunstancia más del personaje. Cuando meses después vuelva al grupo, pasará por una "resurrección", un rito de paso, recurso muy usado por Claremont, que le llevará a convertirse en un ser de increíble poder, Fénix, que acabará corrompida por un apetito que tiene mucho de sexual. Recurrirá como una única posibilidad de redención nada menos que al suicidio en una de las historias más importantes de Marvel, la Saga de Fénix Oscura. Antes, habíamos visto a una joven independiente que, creyendo muerto a su novio y a la mayor parte de sus amigos, rehace su vida en otro ambiente. Es consciente de su poder cada vez mayor y por ello deja de depender de las órdenes de un varón para usarlo y tomar la iniciativa en el combate. Con el tiempo, y a pesar de las quejas de Claremont, volverá a la vida, ya en la segunda mitad de los ochenta. La excusa, que en realidad Fénix era una entidad extraterrestre que suplantó a la verdadera Jean, en animación suspendida desde entonces, devolvió a la continuidad del Universo Marvel a la mutante en su identidad de Chica Maravillosa y restó validez a una perfecta historia de corrupción y redención.

            El otro personaje femenino fundamental en los X-Men de Claremont fue Tormenta, una exótica mujer negra de pelo blanco y ojos azules. Adorada como una diosa en su infancia en África, sus poderes de control del clima la convirtieron, con permiso de Fénix, en el miembro más poderoso del equipo. Tormenta evolucionó de una personalidad inocente y desinhibida —no tenía ningún complejo a la hora de enseñar su cuerpo desnudo, para sorpresa de sus compañeros varones— a una más madura y compleja, espiritual y terrenal a la vez. A su mayor debilidad, una fuerte claustrofobia, se enfrentaba e imponía por su pura fuerza de voluntad. Cuando Cíclope abandonó el grupo, el profesor Xavier la convirtió en la jefa de los X-Men, y fue así la segunda mujer en liderar un equipo en las series de la editorial —la primera fue la Viuda Negra en el grupo de efímera existencia Los Campeones—. Pese a que le costó ganarse el respeto de sus subordinados, especialmente de Lobezno, pronto se sintió cómoda con su nuevo rol y se establecería como el alma del grupo. Beneficiada por su condición de favorita de Claremont, en siguientes etapas se convertirá en el eje de la colección junto con Lobezno, y siempre estará en permanente evolución. Cuando pierda sus poderes, pasará por un calvario personal que acabará por hacerla aún más fuerte y un punto agresiva, como muestra su radical cambio de imagen a mediados de los ochenta —adoptará un look punki—. A pesar de estar un largo periodo sin poderes seguirá siendo la líder de los X-Men, ganándole ese derecho a Cíclope en combate, haciendo uso de su habilidad de lucha y de su determinación. Otro dato tremendamente significativo es que durante muchos años no mantendrá ninguna relación amorosa, pese a los intentos algo tímidos de alguno de sus compañeros. La tardía relación con el inventor mutante Forja se frustrará al descubrir Tormenta que es el responsable indirecto de la pérdida de sus poderes.

            Sería imposible detallar todos los personajes femeninos utilizados por Claremont, pero repasaré los más importantes. Kitty Pryde será la miembro más joven de los X-Men con quince años, y tiene un poder netamente defensivo y "femenino", la intangibilidad, pero con el tiempo se convertirá en una mujer dura y aprenderá habilidades de lucha cuerpo a cuerpo de Lobezno que la harán más capaz en situaciones de combate. Pícara, antigua villana que el profesor Xavier aceptará en las filas del grupo, es una mujer marcada por la naturaleza de su poder, que le impide tocar a nadie. Cuando absorba poderes y recuerdos de la superheroína Ms. Marvel, se hará superfuerte e invulnerable y podrá volar, convirtiéndose en una de las más poderosas heroínas del grupo y de toda la editorial. Su fragilidad emocional contrastará con una actitud de dura y cierto aire punki menos radical que el de tormenta. Mariposa Mental es un caso muy interesante: en su primera aparición era una inglesita remilgada que vestía un vaporoso uniforme rosa, pero a través de un rito de paso —de nuevo— en forma de mortal combate con Dientes de Sable se convertirá en toda una mujer "Claremont" con una actitud más agresiva y una armadura como uniforme.

            Claremont también creó mujeres sin poderes muy interesantes. Destacaré dos: la científica amiga de Xavier Moira McTagger, divorciada, independiente, y una de las primeras mujeres con amplios conocimientos científicos en los cómics Marvel, y Stevie Hunter, una mujer negra profesora de danza de Kitty Pride.

            Entre las villanas, destaca Mística, una activista mutante con el poder de adoptar la apariencia de otros. Tenía buenas capacidades de lucha y lideraba su propio grupo, imponiendo su mandato a los hombres del mismo, y tenía siempre su propia agenda, incluso cuando con el tiempo trabaje para otros. Su relación con una anciana precognitiva llamada Destino, es revolucionaria: aunque jamás se dirá claramente, es obvio, y así lo ha manifestado el propio Claremont en entrevistas, que mantienen una relación homosexual disfrazada de buena amistad, que las convierte en las primeras lesbianas del Universo Marvel y suponen por ello un hito en la editorial. Calisto responde en buena medida al arquetipo de Mística en tanto que es líder de otro grupo, los marginados Morlocks, y tiene además la peculiaridad de no ser una mujer hermosa físicamente. Por último mencionaré a las mujeres del Club Fuego Infernal: la Reina Blanca, la Reina Negra y Tessa, mutantes todas ellas muy poderosas y que mantienen, las dos primeras, posiciones de poder en un club elitista que hace uso de todo tipo de excesos, incluyendo, implícitamente, los sexuales, como demuestran los trajes de cuero a lo dominatrix que llevan las citadas.

            Esto nos lleva a otro elemento importante que analizar en los cómics de Claremont: el sexo. En la Marvel preClaremont, los personajes no mantienen relaciones sexuales, ni explícita ni implícitamente. Nadie imaginaba que la Avispa y Hank Pym o ni mucho menos Peter Parker y Gwen Stacy se acostaran juntos. Todo se reducía a abrazos y besos apasionados pero castos —Peter Y Gwen ni siquiera se besarían "en directo"; los lectores sólo les vimos hacerlo en un flashback posterior a la muerte de ella—. La única excepción serían Mr. Fantástico y la Chica Invisible, que obviamente tuvieron que consumar su matrimonio dado que engendraron un hijo. Pero en las historias de Claremont, y gracias también a cierta relajación de las exigencias de la Comic Code Authority, el sexo existía. Su idea del mismo era liberal. Se practicaba fuera del matrimonio, y, con el tiempo, incluso de forma ocasional y totalmente lúdica fuera de relaciones estables. Nunca se mostraban, obviamente, las relaciones en el mismo momento en el que se mantenían, pero cualquier lector mínimamente maduro sabía qué pasaba cuando Coloso desaparecía de escena con una indígena de la Tierra Salvaje cogida de cada brazo, o cuando Jean Grey y Cíclope se quedaban a solas en la cima de una montaña. Con el paso de los años las alusiones al sexo se irían haciendo menos veladas y beneficiaría la visión de la mujer que se daba, al mostrarlas como liberadas sexualmente y sin complejos a la hora de ser sexualmente activas, al menos algunas. En esto fue Claremont tremendamente adelantado, si tenemos en cuenta que aún hoy suele verse la promiscuidad femenina como algo negativo, y no sólo en los cómics.

            Otro aspecto en el que Claremont fue pionero, consecuencia de la introducción de un gran número de personajes femeninos, fue la ruptura de la norma no escrita por la cual las mujeres en los grupos siempre eran minoría. En los grupos de héroes de Marvel de los sesenta y setenta, a lo sumo se podían llegar a ver dos o tres —o una, como en los tiempos de Lee—, y siempre eran menos del cincuenta por ciento de los miembros. Al principio Claremont sigue dicha norma, pero ya bien entrados los ochenta, los X-Men estarán compuestos durante cierto tiempo, la etapa con el dibujante Marc Silvestri, por cuatro mujeres y cuatro hombres, y ya previamente aunque en minoría se habían juntado tres mujeres. Cuando el éxito de Uncanny X-Men propicie la expansión de la franquicia con nuevas colecciones, Claremont creará en 1984 a los Nuevos Mutantes, jóvenes pupilos de Xavier, en los que los chicos eran una minoría: sólo había dos de un total de seis. En 1987 Claremont crea junto a Alan Davis al supergrupo Excalibur, con tres mujeres y sólo dos hombres.

            Para finalizar con Claremont, es necesario señalar también que en sus últimos tiempos la calidad de sus cómics desciende drásticamente. Sus mejores virtudes comienzan a convertirse en clichés, y esto, unido al progresivo radicalismo de sus personajes, cada vez más agresivos en actitudes y modus operandi, repercute en la caracterización femenina. Las mujeres de Claremont, paradigma de realismo y variedad, acaban pareciéndose todas demasiado entre sí. Todas son supermujeres, tengan o no superpoderes, durísimas y agresivas, rasgos estos potenciados por dibujantes como Silvestri o Jim Lee, expertos en mostrar los cuerpos femeninos en inverosímiles y pretendidamente eróticas poses. Casi todas caen en el estereotipo, hasta entonces esquivado por el guionista, de la femme fatale, tan hueco como siempre. Ejemplo claro de esto es el caso de la ya mencionada Mariposa Mental, que por medio de un proceso demasiado largo para detallarlo aquí acaba convertida en una máquina de matar ninja de rasgos orientales cuya misión en la colección será proporcionar jugosas splash-pages para deleite de los adolescentes de hormonas saltarinas. En favor de Claremont hay que decir que no creo que este cambio sea una elección por su parte, sino más bien puro agotamiento como autor: el amaneramiento aparece en todas las facetas de sus historias, no únicamente en los personajes femeninos.

            Pero, ¿qué sucedía en el resto de colecciones de la editorial? Son mucho menos interesantes que The X-Men, pero no se puede olvidar que Claremont  y Byrne eran unos adelantados a su tiempo. En lo que respecta al tema de este estudio casi podría decirse que los ochenta empiezan en 1975 en su colección. En el resto de series se observa un periodo en el que la poderosa influencia de Claremont y Byrne aún no se nota demasiado, más o menos hasta 1980. En ese lustro, aparecen nuevos personajes femeninos en series como The Avengers: Mantis, creada por Steve Englehart, el sucesor de Thomas en los guiones de la cabecera, era una mujer experta en artes marciales que acabará convirtiéndose en una especie de diosa cósmica; la Gata Infernal, de nuevo una heroína con poderes físicos —agilidad y fuerza aumentadas—, cuyo alter ego es Patsy Walker, protagonista en los años cuarenta y cincuenta de un tebeo romántico, y que ahora aparecía aquí como una mujer subordinada a un marido posesivo que acaba liberándose de su influencia y convirtiéndose después en vengadora. Paradójicamente, las dos mujeres más relevantes en la historia del grupo, la Bruja Escarlata y la Avispa, apenas evolucionan en estos años. Siguen en un segundo plano, la primera a la sombra de su marido la Visión, y la segunda a la de Hank Pym.

            Otro personaje, Tigra, creada en 1974 pero definida y popularizada más adelante —en sus primeras apariciones era La Gata y llevaba el traje que luego heredaría la Gata Infernal—, era una sensual mujer tigre que luchaba exhibiendo un minúsculo bikini negro y que de nuevo respondía a un estereotipo ciertamente machista. En 1977 aparecía el primer número de Ms. Marvel, una heroína cuya identidad civil era Carol Danvers, de la que ya me ocupé en la entrega anterior. De la mano del guionista Gerry Conway, Danvers se presentaba como una mujer actual, abiertamente feminista, triunfadora en su carrera e independiente y liberal. Si en el pasado fue jefa de seguridad de Cabo Cañaveral, en su nueva andadura como superheroína era también directora de la revista Now, editada por el gruñón J. Jonah Jameson, enfocada a un público femenino, y con marcado carácter feminista: su propio título muy probablemente sea un guiño al National Organization of Women. En estos años aparecerán también dos colecciones cuyo objetivo primario es evitar que otras editoriales pudieran sacar tajada de sus marcas comerciales: She-Hulk y Spiderwoman. Son colecciones muy coyunturales de vida efímera, en las que se presentan versiones femeninas de dos de los héroes más populares de la editorial. Hulka, como siempre se ha llamado aquí al personaje, era en sus inicios una tímida abogada que recibe una trasfusión de sangre de su primo, nada menos que Hulk, por la que se convierte en una poderosa mujer de piel verde capaz de enfrentarse a los pesos pesados del Universo Marvel.

            Ya en los ochenta, el propio devenir de los tiempos y la poderosa influencia de Uncanny X-Men, la colección más vendida de la editorial, lleva a los personajes femeninos de la editorial puestos más relevantes y visibles. John Byrne, tras abandonar X-Men, se hace cargo sucesivamente de Fantastic Four, Alpha Flight, She-Hulk y Avengers West Coast, llevando consigo su forma de escribir mujeres, no muy distante de la de Claremont. Con él la Chica Invisible será al fin Mujer -debe recordarse que el sustantivo girl era percibido como denigrante por muchas mujeres- y empezará a adoptar un papel más prominente en su grupo, así como a desarrollar nuevas utilidades para sus poderes sin necesitar que su marido lo haga por ella. En Alpha Flight aparecían tres personajes femeninos, Heather Hudson, Ave Nevada y Aurora, y en Avengers West Coast aparecían Tigra —actuando de una manera natural y desinhibida en sus relaciones con los hombres— y la Bruja Escarlata. Tanto ella como la Mujer Invisible, siguiendo la estela de Fénix, tendrán sus propios procesos de corrupción y redención.

            En The Avengers, la Avispa —separada de Hank Pym porque éste, mientras pasaba por severos problemas mentales, la golpeó— primero y la Capitana Marvel, personaje de nuevo cuño que exhibía grandes poderes relacionados con la luz, llegarán a ser líderes del equipo durante mucho tiempo.

            En las colecciones de Spiderman hará su aparición la Gata Negra, creada como adversaria del trepamuros y trasunto de la Catwoman de DC por Marv Wolfman en 1979 y reconvertida en novia del mismo ya en los 80. Vestida con un ajustado mono de cuero negro, la Gata Negra se obsesionará con Spiderman, hacia el que siente una fuerte y apenas disimulada atracción sexual, que es mutua. Su relación es tremendamente pasional y está basada en gran medida en la adrenalina de la aventura, que tiene siempre una fuerte carga sexual —es imposible saberlo, pero es más que probable que Peter Parker perdiera la virginidad con la Gata Negra—. Cuando, tras ser gravemente herida, Spiderman intente obligarla a dejar la aventura por el peligro en que se pone, la Gata se rebelará ante las órdenes de su novio y buscará por todos los medios conseguir verdaderos poderes, ya que hasta entonces no era más que una buena acróbata. Acabará recurriendo a uno de los peores enemigos de su novio, Kingpin, que la dotará de poderes auténticos. Eso, y el hecho de que sólo quería a Spiderman y rechazaba a Peter Parker, hizo que éste la abandonara. También en las series de Spiderman apareció otro interesante personaje femenino, la capitana de policía Jean DeWolf, una mujer dura, policía íntegra y de las pocas fumadoras del Universo Marvel, que ayudará en varios casos a Spiderman y acabará asesinada por un perturbado, el Comepecados.

            Por último, es imprescindible recordar a Elektra, personaje creado por Frank Miller en su estancia en Daredevil, tan buena y tan influyente a su manera como la de Claremont y Byrne en Uncanny X-Men. Debuta en Daredevil #168 (1981) y pronto se convierte en uno de los atractivos de la serie. Se trata de una mujer fuerte, una ninja cuyo cuerpo dista mucho de los cánones de belleza de las heroínas, que conoce a Daredevil de su juventud pero ahora es su enemiga. Como asesina a sueldo no mostrará piedad, cumpliendo un rol tradicionalmente reservado a los varones, pero acabará mal: asesinada por Bullseye y muriendo en los brazos de Daredevil. Su alta popularidad posibilitará que Miller la resucite eventualmente en un par de novelas gráficas, para volverla a matar. Años después, y con Miller ya fuera de la editorial, Marvel la resucitará en una colección de bastante mala calidad.

            Quedan inevitablemente muchos personajes fuera de este repaso, pero considero que los mostrados dan una idea global adecuada de un periodo que es en el que mejor y desde más puntos de vista distintos se han mostrado las figuras femeninas. En estos años las mujeres del Universo Marvel son mujeres que dejan atrás en su mayoría el papel secundario que desempeñaban, que aún son minoría respecto a los varones pero aparecen en mayor porcentaje que antes, y que incluso llegarán a ocupar puestos de poder en los diferentes equipos. Por primera vez habrá varias colecciones protagonizadas por mujeres, aunque son pocas y de vida corta, incluso cuando se apuesta por ellas encargándoselas a buenos autores. Quedan atrás las actitudes exageradamente sumisas hacia los hombres y los enamoramientos irreales y eternos, así como expresiones del tipo "esposo mío". Las mujeres de esta época mantienen relaciones maduras y mucho más realistas, tienen citas con diferentes hombres, y algunas, dentro de las limitaciones del género y del Comic Code son sexualmente activas. Cuando no actúan como superheroínas desempeñan carreras profesionales similares a las de los hombres, y, en definitiva, son mostradas en general como personas fuertes y autónomas que, sin renunciar a su feminidad y a su belleza, son capaces de luchar de poder a poder con los hombres, aunque los pesos pesados seguían siendo casi todos masculinos. ¿Se mostraba una igualdad total entre hombres y mujeres? Es evidente que no, como tampoco existía en la sociedad americana del momento. Pero se había superado ese ligero desfase que desde su concepción se apreciaba en el Universo Marvel, dejando atrás la idea preconcebida de que al lector potencial de sus tebeos era necesario ofrecerle personajes femeninos estereotipados -a saber, los dos modelos de los que vengo hablando desde el inicio del estudio-. La propia época, una en la que el papel de la mujer era mucho más activo, y el aumento de la media de edad del lector de cómics, consiguieron que poco a poco los personajes femeninos fueran tan ricos en matices como los masculinos, e igualmente interesantes, y ésa es la mejor conclusión que puede sacarse de estos quince años de historia editorial. El futuro, sin embargo, no será tan halagüeño. Los noventa, lo veremos, no serán buenos tiempos para Marvel.

El papel de la mujer en los cómics Marvel (I). El papel de la mujer en los cómics Marvel (II).

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