La Coctelera

The Watcher and The Tower

Blog acerca de cómics, libros, música y lo que tenga a bien su autor.

20 Junio 2009

El papel de la mujer en los cómics Marvel (V y final).

El cambio de siglo no trajo grandes novedades en la situación social de la mujer y los diferentes movimientos feministas. Puede decirse que ambos siguen un curso lógico y coherente con lo que se había visto en la década de los noventa. Es evidente que ha habido mejoras sustanciales en estos últimos años para las mujeres estadounidenses. Hoy más del cincuenta por ciento de los licenciados en EE UU son mujeres —aunque hay muchas carreras en las que apenas hay estudiantes mujeres, como ciertas ingenierías—. Y en el plano político, Sarah Palin habría sido vicepresidenta tras los últimos comicios (2008) si los republicanos hubieran vuelto a ganarlos, y Hillary Clinton estuvo a punto de ser la candidata demócrata en los mismos, y de hecho acabó siendo la secretaria de estado del gobierno de Barack Obama. Pero probablemente los logros sociales motivaron también que las mujeres bajaran la guardia y cayeran en maniobras de control más sutiles. Al menos dos generaciones de mujeres habían crecido en una sociedad en la que las grandes luchas ya no eran necesarias. El feminismo no está en las calles. Pero hoy, la mujer sigue siendo en gran medidad esclava de su cuerpo. En ciertos ambientes y puestos de trabajo, es inconcebible que no se maquille, que no lleve tacones, que no ponga siempre una especial atención a su aspecto físico. La mujer debe estar guapa siempre. Y si por naturaleza no lo es, debe operarse para serlo. Y todo esto no es percibido por la mayoría de las mujeres como machismo, porque al no haber tenido que luchar por ninguno de sus derechos, asumen como propios e intrínsecos esos valores. La mujer tiene más derechos que nunca pero paradójicamente está más cosificada que nunca. Y la maniobra con la que el mercado ha reaccionado a esa cosificación ha sido cosificar también al hombre para igualarlos. Convencer al hombre de que él también ha de "cuidarse" ha sido uno de los negocios más lucrativos del inicio del tercer milenio: cosméticos, gimnasios, ropa, productos dietéticos, cirujía estética... Aquello de la metrosexualidad, en suma.

            El feminismo ya no es un sentimiento compartido por todas las mujeres. La mayoría de las teóricas feministas coinciden en señalar que la mayoría de mujeres consideran que ya no hay demasiado por lo que luchar. Se centra la atención en fenómenos que en el mundo occidental están criminalizados y socialmente repudiados, como el acoso sexual o la violencia de género, y sin embargo no se valoran críticamente las mentalidades, de forma que la mujer cae en comportamientos como los que mencionaba. Mientras, el feminismo como movimiento sigue aplicando sus esfuerzos a la situación de la mujer en otras partes del mundo y al intento de crear un sentimiento global y efectivo de unidad entre todas las mujeres. Al mismo tiempo, el feminismo se declara ecologista —se habla incluso de un ecofeminismo— y pacifista, en tanto que se considera que las guerras y el deterioro del medio ambiente son consecuencia directa de la acción de una sociedad dominada por valores masculinos. Señalan también las feministas una falta de solidaridad entre las mujeres, y estoy de acuerdo: en un mundo económicamente globalizado y polarizado, la clase social está por encima del sexo al que se pertenece, y una mujer blanca pudiente no duda en explotar a una trabajadora inmigrante, por muy mujeres que sean ambas. A todo esto hay que sumar la creciente ola de ultraconservadurismo moral que sufre EE UU y que inevitablemente puede afectar para peor la situación de la mujer en el futuro a largo plazo. La exaltación patriótica y religiosa tras los atentados islamistas del once de septiembre y el auge de las iglesias evangelistas —tremendamente influyentes en muchos estados de la unión— amparados por los dos mandatos consecutivos del republicano George W. Bush tienen como consecuencia la imposición de las teorías creacionistas, cuya aceptación como realidad histórica y explicación del origen del hombre conlleva una imagen de la mujer obviamente machista, dado su papel en la expulsión del hombre del paraíso. Ídolos adolescentes como Hanna Montana o Jonas Brothers, ambos productos de la multinacional Disney, y fenómenos editoriales como la saga Twilight -cuya autora, Stephanie Meyer, es mormona- promueven entre la juventud la vuelta a unos valores tradicionales propios de la mentalidad WASP más retrógrada, entre los que se encuentra la defensa a ultranza de la castidad y el matrimonio —a edades tempranas, además—, y una mitificación de la virginidad —los miembros del grupo musical Jonas Brothers ostentan unos anillos que la simbolizan y que son muy populares entre los jóvenes americanos de ciertos sectores sociales—. Esto último es fundamental para entender el riesgo que se corre, dado que la virginidad femenina es el mecanismo de control de la mujer más poderoso del que dispone lo que las feministas llaman patriarcado. Está por ver si el aparente giro a la izquierda de la sociedad y la llegada al poder del demócrata Obama —decididamente más progresista que su predecesor— pueden mitigar el efecto de este ultraconservadurismo que amenaza con suponer varios pasos atrás en la lucha por la consecución de la plena igualdad.

            Respecto a los cómics de Marvel de este último periodo, he de remontarme a 1998. Tras un año en el que algunas de las colecciones más clásicas de la editorial se habían entregado sin condiciones a Rob Liefeld y Jim Lee, tiene lugar un relanzamiento de las mismas bajo el significativo nombre de Heroes Return. Con el mercado del cómic estabilizado, aunque lejos de las cifras de venta de hacía unos años, Marvel toma un nuevo rumbo con aire de revival de la mano de guionistas como Kurt Busiek, Mark Waid o John Ostrander. Conocedores del pasado de la editorial, estos autores imprimirán a sus historias un aire retro, que recupera el estilo de los setenta y ochenta pero bajo un prisma actual. En el plazo de un par de años, el paradigma de la mayoría de las colecciones cambia radicalmente al volver a ser la piedra angular de las mismas los guiones y no los dibujos, como sucedía en la etapa anterior. Pese a ello la estética quedaba irremediablemente marcada por dicha etapa, y ciertos elementos son asimilados y persisten en los dibujantes de esta época y hasta la actualidad. De esta forma la manera en la que aquellos hot artists dibujaban a las mujeres de Marvel influyen determinantemente en la visión que de las mismas se dará en los años siguientes: siguen teniendo cuerpos imposiblemente espectaculares y siguen vistiendo de forma más provocativa que práctica. Poco tiempo antes había surgido además otra tendencia artística que se dio en llamar amerimanga, y que incorporaba elementos de cierto tipo de cómic japonés: ojos grandes, figura redondeada, piernas aún más largas.  Los dos máximos exponentes del amerimanga en estos años fueron Joe Madureira y Humberto Ramos, que inspirarían a muchos imitadores hasta la actualidad.

            Los personajes femeninos más importantes y más antiguos de la editorial apenas sufrirán cambios, una vez obviado o deshecho lo escrito en los primeros años noventa. Muy posiblemente se ha llegado a un momento en el que estos personajes, igual que los masculinos, están agotados. Ya no crecen más; se han estancado en una edad difusa situada entre los veinticinco y treinta y cinco años y no evolucionan apenas. En manos de guionistas capaces, simplemente repiten pautas del pasado. Las mujeres gozan en los respectivos grupos del estatus ganado ya en la década anterior, y aparecen en las mismas proporciones y con los mismos roles. Obviamente no encontramos referencias al feminismo ni a la lucha de sexos, como tampoco se encuentran apenas en la sociedad y en los medios de comunicación. Como comentaba, es algo que ya no se considera necesario, que ni se plantea.

            Por The Avengers, en manos de Kurt Busiek, guionista de inspiración clásica, se paseará el elenco habitual de heroínas de la serie: la Avispa, Fotón —la antigua Capitana Marvel de los ochenta—, la Bruja Escarlata... Ésta última llegó a liderar el grupo durante un breve periodo y sí experimenta un cambio interesante: después de mucho tiempo, es consciente, y así lo manifiesta, de que pertenece al grupo por sus propios méritos y elección personal y no por su relación con alguno de los miembros varones del grupo. En su papel de líder se mostrará capaz de tomar decisiones y controlar los egos de sus compañeros masculinos con bastante éxito. Reaparecía también Ms. Marvel —bajo un nuevo apodo, Warbird—, aquel personaje de los setenta de militante feminismo que tras ganar poderes cósmicos se había exiliado en el espacio. En su regreso, vuelve a ser una mujer fuerte e independiente, a la que le cuesta aceptar órdenes de los hombres y que, aunque no parece ya tan militante —porque ya no es la misma época—, aún soltará alguna réplica —"¡Líbreme Dios de los hombres que no creen que las mujeres puedan pensar por su cuenta!" (The Avengers vol.3 #6)—. No obstante, esa actitud era en gran parte fingida para ocultar problemas con sus poderes y con el alcohol.

            Busiek había usado previamente en otra serie, Thunderbolts, a Pájaro Cantor y Meteorito, dos antiguas villanas reconvertidas más o menos sinceramente, según el caso, en heroínas. La primera era una joven dulce y valiente bastante arquetípica que además manifestaba la necesidad de apoyarse siempre en una pareja masculina. Meteorito resulta más interesante: es una psicóloga muy poderosa e inteligente, siempre intrigando y llevando su propia agenda al margen de su líder masculino y de sus compañeros.

            Del resto de los personajes femeninos no puede decirse nada que no se haya dicho ya. La Mujer Invisible sigue en su doble papel de madre y aventurera, y las mujeres de los diferentes grupos de X-Men y derivados siguen cumpliendo los mismos roles que una década antes grosso modo. Tormenta sigue siendo la líder dura pero espiritual, Jean Grey es la compañera ideal para Cíclope, Mariposa Mental —que cambia telepatía por telequinesis durante un breve periodo— una luchadora letal y sexy, Pícara sigue enamorada dependientemente de Gambito, y en algunos momentos asumirá la función de jefa de grupo.

            La editorial, pues, estaba en un momento cómodo. Repetía esquemas del pasado, sí, pero lo hacía con buenos autores que conocían y respetaban la historia de los personajes. Pero en poco tiempo todo va a cambiar, afectando radicalmente al objeto de este estudio.

            Primero, en 2000 Bill Jemas y Joe Quesada acceden a los puestos de presidente de la compañía y editor en jefe respectivamente. Su labor supondrá un cambio radical en el devenir de las series de Marvel. En poco tiempo, se desprenden de casi toda la vieja guardia de creativos y dan entrada a nuevos guionistas provenientes de otros medios, ya sea cine, televisión o literatura, así como del cómic independiente o underground con resultados muy dispares. Independientemente de su calidad, estos autores comparten un gran desconocimiento del pasado de Marvel, que en algunos casos es hasta desprecio. La nueva dirección impuesta por Jemas y sobre todo Quesada —Jemas es despedido tras algunos años en su puesto, pero Quesada sigue a día de hoy al frente de Marvel— busca un tono más adulto y oscuro en sus publicaciones, más moderno, con cómics muy visuales y de escaso contenido argumental —narrativa descomprimida, se llamó a esto—. En segundo lugar, en septiembre de 2001 tuvo lugar el atentado contra las Torres Gemelas, que influiría profundamente en todos los productos de ocio y especialmente en la ficción superheróica. De repente, las hazañas y aventuras de los personajes de Marvel parecían más pueriles e intrascendentes en comparación con la dureza de la realidad, y como resultado de esto se aceleró el proceso de "oscurecimiento" iniciado el año anterior por Quesada y Jemas. Menos humor, historias más sórdidas, con criminales y villanos más viciosos y violentos. Frecuentemente aparecerán tramas relacionadas con terroristas -o se denominará directamente a los supervillanos como tales-, con muertes de civiles y destrucción de ciudades. Los cómics Marvel volvían a cogerle la medida a la actualidad, esa medida que había perdido en algún momento al principios de los años noventa. En ese año 2001 tuvo lugar otro hecho fundamental: se tomó la decisión de dejar de presentar los cómics de Marvel a la aprobación del Comic Code Authority, completamente obsoleto ya. Quesada la sustituyó por un sistema de clasificación interno similar al de las películas. Algunos autores usaron la nueva -y relativa- libertad para hacer historias más adultas y otros, como siempre sucede, la usaron de una forma adolescente para introducir violencia y sexo injustificados en sus cómics. Pero en líneas generales, y sin perder de vista el papel de la mujer, esto sirvió para que el sexo se mostrara con mayor naturalidad, así como aspectos relativos al mismo como la homosexualidad masculina —ya atisbada en el pasado— y femenina —aún completamente tabú—. Se creó una línea para adultos, MAX, donde se permitían los desnudos parciales —nunca genitales— femeninos. En dicha línea se pudo ver, por ejemplo, a Nick Furia con varias prostitutas, o a una nueva heroína, Jessica Jones, practicar sexo anal con su novio Luke Cage. Siempre de forma no explícita, insisto.

            Tanto en esta línea como en la central, las nuevas normas menos restrictivas permitieron mostrar a la mujer en poses más claramente sexuales incluso que en los años de los hot artist de los noventa. Volvía a usarse como claro reclamo para el público, pero, y aquí está la diferencia, las mujeres eran también personajes relevantes y de personalidades complejas, al menos tanto como la capacidad de cada guionista permitía. Las muchas colecciones protagonizadas por mujeres en estos últimos años —Mistique, Emma Frost, She-Hulk, Black Widow, Elektra, Ms.Marvel— ofrecen en sus portadas pin-ups de las protagonistas en poses eróticas y ligeras de ropa. Nuevos dibujantes de la editorial como el portadista Greg Horn, Frank Cho o Greg Land, basan su fama en su habilidad para dibujar mujeres exhuberantes y lascivas. Horn se inspira en revistas eróticas para sus portadas, en las que las retratadas —con un estilo pretendidamente realista, aunque las proporciones de los cuerpos disten mucho de serlo— exhiben sus cuerpos con un lenguaje gestual claramente provocador —piernas abiertas, labios carnosos y entreabiertos—. En Marville #5, Horn mostraba a instancias de Bill Jemas, guionista de la serie, a una joven desnuda sobre un suelo que la reflejaba y que, por el efecto óptico producido, parecía sostener en su mano un consolador.  Cho por su parte, aún siendo un buen dibujante, tiene como rasgo principal de su dibujo dotar a sus mujeres de unos pechos descomunales. Todas tienen exactamente el mismo cuerpo, aunque, eso es justo reconocerlo, están proporcionados y se alejan del canon anoréxico tan frecuente hoy en día. No obstante es un hecho que en la editorial explotan su fama de dibujante de mujeres: una de sus obras más conocidas, Shanna the She-Devil, es prácticamente un catálogo de pin-ups de la mujer salvaje —y selvática— de Marvel por excelencia, ataviada, en el mejor de los casos, por un exiguo bikini de piel. Durante su estancia en The Mighty Avengers, creó junto con el guionista Brian Michael Bendis a la versión femenina de un viejo enemigo de los Vengadores, Ultrón, que aparecía ahora como una androide de apariencia humana y sinuosas formas que luchaba desnuda. Ni aquí ni en Shanna the She-Devil llegaban nunca a verse ni pezones ni genitales. El caso de Greg Land es más polémico e insultante incluso para la mujer: su estilo de dibujo —si se le puede llamar así— consiste en calcar fotografías procedentes de revistas deportivas, de moda, eróticas y en muchos casos pornográficas, que después trata con programas informáticos. En sus manos los personajes femeninos de la editorial no son más que un collage de carne extraída de diferentes orígenes en poses que obviamente los delatan, con miradas y lenguaje gestual de procedencia igualmente clara —mujeres que se lamen los labios o se muerden la punta de los dedos, cuando no con expresiones claramente orgásmicas.

            Pero, más allá de la imagen visual que de ellas se da, ¿qué caracterizaciones encontramos de los personajes femeninos de Marvel en los últimos años? Sigue abundando el estereotipo de la mujer fatal, adaptado a los nuevos tiempos: armada, vestida normalmente con cuero y ropa muy ajustada —fruto de la influencia estética de la trilogía cinematográfica Matrix—. Sorprendentemente, ni cuando es una mujer la que se encarga de guionizar a estos personajes —Davin Greyson, en un par de series limitadas protagonizadas por la Viuda Negra— se va mucho más allá de los tópicos. Pese a esto, en general no salen mal parados los personajes femeninos. Teniendo en cuenta que la agresividad y métodos más violentos es algo generalizado en la Marvel post-11S y no exclusivo de la mujeres, éstas demuestran seguir siendo personajes fuertes e independientes. Durante Civil War —evento editorial en el que se escenificó el debate en torno al recorte de libertades civiles que entonces se llevaba a cabo en EE UU— la Mujer Invisible no dudó en posicionarse en el bando contrario a Mr. Fantástico, anteponiendo sus principios a la lealtad a su marido. En los últimos años, el personaje de Ms. Marvel ha cobrado mucho protagonismo en los acontecimientos centrales del Universo Marvel. En New X-Men el guionista británico Grant Morrison convierte a Jean Grey en la directora de la escuela para mutantes de Charles Xavier a la vez que vuelve a convertirla en Fénix y la separa de Cíclope por la infidelidad de éste. El otro vértice de este triángulo fue Emma Frost, antigua villana que ya en la década anterior se había reformado, aunque sin perder su personalidad algo retorcida y desinhibida. A este respecto hay que subrayar el avance en el comportamiento sexual de las mujeres: hasta ahora, la promiscuidad era siempre algo asociado a las villanas y siempre negativo. A partir de ahora, y probablemente gracias en parte a la ausencia del sello del Comic Code Authority, muchas mujeres de los cómics Marvel mostrarán una vida sexual activa y lúdica, fuera de relaciones estables y sin ninguna carga peyorativa, al contrario, dentro de una total normalidad. El mejor ejemplo es Hulka, que en su nueva serie, guionizada por Dan Slott, es una mujer vital y alegre que compagina su carrera como superheroína con su trabajo como abogada. Es un personaje femenino realista y alejado de tópicos, que en su relación con los hombres no se muestra dependiente. A lo largo de la serie tiene varios ligues, con los que practica el sexo por simple diversión. Cuando tenga pareja estable, será desde una posición de igualdad y no de subordinación. No obstante, en un momento determinado se hará eco de la desigualdad que en el terreno sexual sigue habiendo entre hombres y mujeres, al comentarle a Iron Man, tras acostarse con él que "tú te acuestas con quien sea y eres un playboy. Pero si lo hago yo, soy una guarra" (She-Hulk vol.2 #17, 2006). En 2009 ha salido al mercado un nuevo título, Marvel Divas, que supuestamente se centrará en la vida sexual de varias superheroínas de la editorial. A la espera de poderlo estudiar, las ilustraciones promocionales me hacen pensar que estará enfocado al público varón pese a que desde la editorial intentan venderlo como un producto en la línea de la serie televisiva Sexo en Nueva York.

            En estos últimos tiempos se crean muchos personajes femeninos nuevos, sobre todo jóvenes, en el marco de colecciones como Runaways (2003) o New X-Men: Academy-X (2004), entre los que destaca X-23, una versión juvenil y femenina de Lobezno. En general son personajes bien caracterizados, ejemplos más o menos creíbles de las adolescentes actuales.

            Por último es obligado hablar del lesbianismo. Las relaciones entre mujeres homosexuales, que en su día el feminismo radical reinvindicó como la mejor manera de liberarse de la tiranía machista, estaban vetadas por el Comic Code Authority hasta el año 1989, en el que levantó el veto sobre la presencia de homosexuales en general. Desde entonces, no obstante, los escasísimos personajes homsexuales habían sido exclusivamente hombres, hasta los años más recientes. Se cuenta con el antecedente, ya mencionado en estos artículos, de Mística y Destino, pero éste nunca fue reconocido por la editorial ni evidenciado en sus cómics, donde oficialmente sólo eran buenas amigas. Ahora, varias de las superheroínas de la editorial van a destaparse como lesbianas. En algunos casos será algo coherente con su trayectoria y su pasado, pero otros, simplemente una forma de llamar la atención de los medios, ávidos de este tipo de noticias. En cualquier caso, Dragón Lunar, una nueva Capitana Marvel, Karma, Danielle Moonstar, Nocturna o Rayo Iris se han declarado abiertamente lesbianas en los últimos años, incluso manteniendo relaciones estables con otras mujeres y mostrándose éstas en las historias. Está por ver si esta nueva tendencia consigue mostrar personajes realistas o se caen en los tópicos que tradicionalmente han rodeado el lesbianismo, y sobre todo, si no se acaba utilizando esto para convertir en lesbiana a toda mujer que manifieste un fuerte carácter y no parezca necesitar de un hombre siempre a su lado, lo cual sería un lamentable error.

            Pese a todo esto, lo cierto es que la situación de la mujer en los cómics Marvel todavía está lejos de ser igual a la del hombre, quizá más de lo que lo está en la sociedad que reflejan o intentan reflejar. Los principales personajes de la editorial, sus iconos, siguen siendo hombres, y en general más poderosos que las mujeres. Los protagonistas de las grandes historias y cross-overs, salvo excepciones —Ms. Marvel, por ejemplo—, también. Hay en este periodo más series protagonizadas por mujeres que nunca, pero en la mayoría de los casos la vida de las mismas es corta, y sus ventas están muy lejos de las series más vendidas de la editorial. El porcentaje de series con protagonista femenina es en todo caso una parte muy pequeña del total. En julio de 2009, se editarán, sin contar reediciones pero incluyendo cómics de franquicias que no pertenecen al universo Marvel, ciento cuarenta y ocho títulos, de los cuales sólo siete están protagonizados en exclusiva por una mujer o un grupo de mujeres, lo que supone un exiguo 4'7% del total. La editorial no ha conseguido tampoco llegar al público femenino, al que ha intentado acercarse con series de escasa calidad e interés de tipo romántico —una dedicada a Mary Jane—. De esta forma la inmesa mayoría de sus lectores son masculinos —pero de una media de edad sustancialmente superior a la que había en los años sesenta—, al igual que lo son los dibujantes y guionistas. Cada vez más, se evidencia que prescindir del Comic Code Authority a largo plazo está suponiendo un aumento de la testosterona en las historias, y una instrumentalización sexual de la mujer, como puede verse sobre todo en las cubiertas. Se ha iniciado una tendencia que amenaza con ir a más: en las manos de los editores actuales —que llenan los espacios de Marvel en las principales convenciones de EE UU de modelos femeninas disfrazadas de sus personajes y no dudan en fotografiarse con mujeres neumáticas en bikini—, los cómics de Marvel corren el riesgo de acabar siendo material hecho por hombres y para hombres, en los que la mujer no es más que un reclamo sexual, material pseudopornográfico en el que lo que menos importa es ofrecer un retrato fiel de la mujer y por extensión de la sociedad americana de cada momento.

El papel de la mujer en los cómics Marvel (IV). El papel de la mujer en los cómics Marvel (III). El papel de la mujer en los cómics Marvel (II). El papel de la mujer en los cómics Marvel (I).

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