La Coctelera

The Watcher and The Tower

Blog acerca de cómics, libros, música y lo que tenga a bien su autor.

26 Septiembre 2009

Cómic: 300, de Frank Miller y Lynn Varley.

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Yo soy de los que piensan que Frank Miller hace mucho tiempo que perdió el norte, que se convirtió, por medio de una reductio ad absurdum, en una parodia de sí mismo, incapaz de hacer algo más que gamberradas epatantes. Por otra parte, sin negarle la evidente importancia e influencia que ha tenido en el cómic americano, tampoco considero que haya hecho demasiadas obras incuestionables. Con diferencia, lo que más me gusta de él es su etapa en Daredevil, donde hacía avanzar género y medio por igual en cada uno de sus tebeos, coronados por esa obra maestra que es el Born Again. Dark Knight Returns me parece un tebeo excelente, sí, pero también muy sobrevalorado. Año Cero me gusta más aún. Pero en cambio, Ronin me parece un batiburrillo de los mangas favoritos de Miller incomprensible y fallido en todo salvo en lo gráfico. Sin City, una colección de historias repetitivas y simplísimas que bajo la apariencia de un sofisticado género negro esconde lo que no son sino historias de superhéroes. DK2 es, directamente, una broma de mal gusto.

El último tebeo de Miller que me pareció bueno fue, por si no se ha adivinado todavía, 300. En él, a partir de un hecho histórico, la batalla de las Termópilas, el autor construye una fantasía de poder y de rebelión ante el mismo: ni más ni menos que lo ha hecho ya cien veces. En la figura de Leónidas, que podría ser cualquiera de sus antihéroes de la ciudad del pecado, o el Batman crepuscular de Dark Knight Returns, recrea una vez a su arquetipo más recurrente: el último hombre bueno, el último íntegro en un mundo corrupto y despreciable, que impondrá por la fuerza una moralidad que las leyes de su sociedad ya no contemplan. En este caso, además, no está solo: todo el pueblo de Esparta comparte como protagonista colectivo ese papel.

Creo también que se han hecho en ocasiones lecturas equivocadas de este cómic. Se ha criticado su falta de rigor histórico —cosa que es cierta: se puede escribir un libro tochísimo con las inexactitudes de 300—, pero es que no pretende ser un tebeo histórico ni ofrecer veracidad. También se ha acusado a Miller de fascismo, por glorificar la violencia y la fuerza como único argumento para esgrimir el poder. Pero francamente, si eso es apología del fascismo, entonces debemos desestimar prácticamente toda la fantasía heroica y buena parte del tebeo de superhéroes.

No, seamos lógicos. 300 no tiene tanta profundidad. Y si la tiene, es preferible no explorarla. Es un divertimento, una historia épica de la que hacer una lectura política o moral no tiene demasiado sentido. Me recuerda en esto a The Ultimates de Mark Millar y Bryan Hitch; si a este tipo de cómics pretendemos aplicarles las mismas herramientas analíticas que a Watchmen, apaga y vámonos. Si lo hacemos, claro que puede hacerse una lectura en clave política de 300. En ella, por medio de la voz del narrador en primera persona, Leónidas, se desprecia a políticos y sacerdotes, se les considera decadentes y corruptos, a favor de la moral castrense y la glorificación del soldado. Ellos encarnan todas las virtudes. La virtud moral, por cierto, se identifica totalmente con la física. Los espartanos son perfectos; sus enemigos, deformes. El traidor a Esparta Efialtes es un monstruo.

Pero ya digo, prefiero evitar semejantes análisis. Creo que están lejos de la intención de Miller, que simplemente presenta una ficción, puro entretenimiento que a ratos es emocionantes y a otros visualmente muy sugerente, aderezado con unas cuantas sentencias epatantes. Su Leónidas es un héroe arquetípico, no un hombre. Es un icono, como el resto, condición esta remarcada por el trabajo gráfico del autor, quizás de los mejores de su carrera. Su trazo sigue siendo feísta y aparentemente descuidado, pero consigue con sus cuerpos estilizados y angulosos reforzar esa condición de icono. Cuando uno ve esas viñetas de los espartanos cargando, a pesar de lo poco ortodoxo del dibujo para el género, percibe perfectamente la fuerza que el trazo enérgico de Miller —que está muy lejos de ser un buen dibujante— les proporciona. Perro viejo, sabe perfectamente cómo ocultar sus defectos y potenciar sus virtudes. Pero al margen de eso, 300 destaca por su impecable y tremenda narrativa. Miller arriesga con la composición en cada página y siempre sale airoso, y consigue además algunas ciertamente brillantes —hacia el final, aquéllas con la “cámara” subjetiva desde el punto de vista de los ojos de Leónidas, a través de su casco—. Esas enormes viñetas y el formato apaisado y gigante del tebeo se alían con uno de los mejores colores que he visto en un cómic americano. Aplicado por Lynn Varley a mano, se basa en una paleta de colores tierra sólo rota por las rotundas y planas capas rojas de los espartanos, y recrea un ambiente oscuro y claustrofóbico perfecto para el episodio de las Termópilas. Los cielos plomizos son espectaculares, los contrastes de sombras y luces, perfectos. Sin ese color el resultado final habría sido totalmente distinto, y por extensión, el propio cómic.

Un tebeo por tanto muy entretenido, pero nada más —y nada menos—. Es épica en estado puro, simplemente, con un tono totalmente milleriano marcado por el acertado narrador en primera persona. Si se intenta ver como algo más que una diversión y un deleite visual, es cuando empezaremos a liarnos. Mejor no meternos en camisa de once varas. La película, por cierto, si bien en algunos aspectos traslada fielmente el espíritu del cómic, falla en lo esencial, al intentar humanizar a unos personajes que en tanto en cuanto son arquetipos no necesitan ni aceptan dicha humanización. De la misma forma, el tono sobrio y estoico de los espartanos, que hablan sin alterarse y sin levantar la voz, se convierte en ella en una sobreactuada y teatral declamación contínua, buscando un efectivismo barato algo vergonzante —compárese en la famosa escena del pozo y el mensajero el escueto “Esparta” que le suelta Leónidas al incauto con la flipada lamentable de “¡¡¡Esto!!! ¡¡¡Es!!! ¡¡¡Espartaaaaa!!!”—. Eso sí, al “visionario” de Zack Snyder le quedó un vídeo clip muy bonito, aunque pelo largo. Y se lo tuvo que pasar genial con tanto jugar con el botoncito de la cámara rápida y la cámara lenta.

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2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Igerifreki

Igerifreki dijo

Desde luego Frank Miller es un producto de la era Reagan, donde la megaviolencia cruda se abre paso de forma traumática por el American Way of Life. También es muy americano, como comentas, que al final un sólo buen hombre tiene razón, sobretodo si es americano y es más imbécil que un tapacubos cuadrado. Si se llama Bush mejor. En un reportaje Bill Sienkíwenomeséelresto, se quejase de que los superhéroes habían dejado de ser divertidos y se habían vuelto muy oscuros, alegando la etapa de los "Imagenios fans de masas", pero no olvidemos que el tipo este es parte de que los superhéroes se volvieran más serios, con más mala leche. Al contrario que su compañero ex estrella Byrne, que se quedo encallado en viajes temporales y retornar a los mismos clichés, él evolucionó a más megaviolencia para un público que demandaba megaviolencia y a ver si de paso le tocaba la loteria del cine. Que le tocó. Recordad que guionizó Robocop y algún lumbrera tras ver Sin City y 300 le dió la posibilidad de violar un clásico como Spirit y convertirlo en una ramera ocasional a su conveniencia. Además de juntarse con el divo de turno para hacer la tremenda mierda que es All star Batman y Robin.

Y que conste que me gusta Born Again, Electra, Sin city (las tres primeras historietas), Dark Knight y me vuelve loco 300. No, no soy gay, pero la testosterona siempre me ha enganchado, y aparte de lo emocional siempre quise algo más intelectual...y nunca me lo dió.

26 Septiembre 2009 | 10:59 PM

The Watcher

The Watcher dijo

Me pasa algo parecido que a ti. Me gusta mucho de Miller, pero le pongo muchos peros. Y por cierto, se me olvidó comentar en la reseña que ese elemento filogay es más cosa de la película que del cómic. Miller no dibuja "bonito": los cuerpos de los espartanos no son objeto de recreo en el tebeo ni son perfectos apolos; más bien son desgarbados y estilizados. En la película se recrean en los cuerpos aceitados hasta el punto de ser ridícula. O joder, el famoso "no es mi látigo lo que temen" está TOTALMENTE manipulado para hacer la gracia y que la gente se parta la polla en el cine. Yo leyendo el tebeo no pensé jamás en ese doble sentido, porque no está, sencillamente. La frase aparece en un diálogo más largo y no se pretende que sea graciosa. De hecho en el tebeo no hay ni humor, ni sentimientos, ni importa apenas la historia de amor de Leónidas y su reina (que no es una dulce mujercita, es una pedazo de hembra con pinta de darte dos hostias y dejarte en el sitio), pero no sé por qué, se establece como verdad universal que 300 película es fidelísima a 300 cómic, simplemente porque hay escenas calcadas... Es una batalla perdida, pasa lo mismo con V de Vendetta, que dicen que es idéntica y falla justo en lo esencial.

Un saludo, que me lío y me sale otro post.

27 Septiembre 2009 | 01:55 AM

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