La Coctelera

The Watcher and The Tower

Blog acerca de cómics, libros, música y lo que tenga a bien su autor.

22 Octubre 2009

Cómic: Laika, de Nick Abadzis.

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Laika ha sido editado en nuestro país este mes, con cierto retraso —se anunciaba para septiembre—, tras ganar el año pasado el premio Eisner a la mejor novela gráfica juvenil. Es un tebeo que despertó mi curiosidad desde el momento en que Glénat anunció su publicación, porque siempre he sentido debilidad por este tipo de historias. Tras leerlo, sin embargo, me ha dejado cierta sensación agridulce.

            El  autor, Nick Abadzis, totalmente desconocido para mí, consigue que el tebeo funcione en algunos niveles, pero fracasa en otros. Laika funciona como crónica de unos hechos y como retrato de la URSS de los años sesenta, en plena guerra fría, alejado de tópicos y estereotipos a los que el cómic americano nos acostumbró en sus tiempos. Los personajes reconstruidos, fruto de un buen trabajo de documentación, suenan y parecen tan reales como exige este tipo de historias. Más allá del debate acerca de si es ético o no usar animales en las investigaciones humanas, Abadzis nos acerca el caso concreto de Kudryavka —verdadero nombre de Laika— y recorre sus pasos, rellenando los huecos en su biografía con ficción plausible y posicionándose del lado de los personajes contrarios a la experimentación sin demonizar a los que no lo son ni caer en discursos, al mismo tiempo que destaca la vergüenza del proyecto que llevó a la perra al espacio, y que hasta hace siete años se mantuvo oculta por la propaganda soviética: al contrario de lo que se dijo, se sabía de antemano que Laika no volvería, y no murió, como se hizo creer entonces, por medio de una inyección letal, sino víctima del estrés y del calor y con mucho sufrimiento. La obra de Abadzis presenta aquel proyecto como un mero ejercicio de propaganda, en el que se trabajó sin garantías y con prisas para poderlo llevar a cabo el día del aniversario de la revolución, y en el que los beneficios científicos fueron escasos o directamente inexistentes. La muerte de Laika respondió por tanto a motivos políticos y sirvió de poco o nada, y esto lo dijo uno de los científicos que participó en aquello. Sí sirvió en su momento para despertar las primeras reacciones serias y organizadas por todo el mundo en contra del maltrato animal. Laika fue desde entonces y para siempre un símbolo, a pesar de que, aunque mucha gente lo ignore, fue la primera pero no la última perra en morir en misiones espaciales soviéticas, y EE UU había ya acabado con la vida de varios primates en pruebas similares.

            El problema es que más allá de que la información documental y la historia interesen, Laika no es un cómic especialmente bueno. De ahí mi sensación agridulce. Abadzis tiene un dibujo decente —a pesar de que muchas veces cueste saber en qué estado de ánimo están los personajes por lo indescifrable de sus expresiones faciales—, pero fracasa, pese a sus esfuerzos, cuando intenta experimentar con el montaje de las viñetas o cuando incluye secuencias oníricas de la perra, que sueña que vuela. En eso y en su relación con su cuidadora observo que pretende provocar la complicidad del lector por el lado más fácil y más errado: humanizando al animal. No es necesario. Incluso aunque así se crea, no es preciso hacerla hablar junto al resto de los perros del proyecto a través de la imaginación de una cuidadora que lejos de presentarse al lector como sensible y amante de los perros, parece estar loca. No están bien encajadas esas secuencias, además, con el relato de los hechos más o menos objetivos, y su no inclusión no habría restado ni un ápice de intensidad a la historia, ni impediría empatizar con la perra y con la cuidadora.

            No obstante, tampoco es que sea un mal tebeo. Tiene secuencias —la mayoría— narrativamente bien resueltas, y momento emotivos que se combinan con una narración de los hechos que no es fría ni lo pretende. Pero esperaba y se puede hacer más con esta historia, aunque Laika cumpla a la perfección con su objetivo de darla a conocer.

            La edición de Glénat, por último, es buena, pero 19'90€ por ella es una clavada considerable. Sí, es en color y el papel es de alta calidad, pero volvemos a lo de siempre: ¿no habría sido mejor publicarla con un papel de menor calidad, que tampoco tiene por qué ser de tipo biblia, y abaratar el precio en unos pocos euros? Porque aunque estemos hablando de doscientas páginas, el formato es sólo un poco mayor que el de un tomo de manga de la misma editorial, y no trae tapa dura, además de que contiene alguna errata aislada, y aún así vale unos veinte euros que me temo que van a echar atrás a muchos compradores, como de hecho estuvieron a puntito de echarme a mí. De verdad, no sé qué esperamos que vendan ciertos cómics a estos precios.    

servido por The Watcher 6 comentarios compártelo

6 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Igerifreki

Igerifreki dijo

Parece que siempre volvemos al tema económico y parece que lo que nos pasa es que lo queremos todo barato. No es así. Ante todo soy consumidor, en este caso, de cómics. Y como consumidor, si das mucho producto a bajo precio, al final te da la fiebre compulsiva (como es mi caso) y con tal de hacerme con la gangas de turno gasto el doble o triple del presupuesto mensual. Y además con orgullo. De esta manera, y con los precios a más de 15-20 euros por cómic, selecciono muchísimo y me aseguro lo suficiente todo aquello que compro.
No sé si realmente no da beneficio este negocio o qué, pero a medida que ha aumentado mi poder adquisitivo ha bajado mi compra de tebeos.

23 Octubre 2009 | 07:32 PM

The Watcher

The Watcher dijo

No sé si has visto físicamente este tebeo, pero cuando lo ves, le das al vuelta y observas el precio, no puedes evitar soltar, como mínimo, un hala bien gordo. Y eso es significativo cuando los que lo soltamos somos gente que sabemos lo que cuestan los tebeos y nos solemos dejar una pasta, así que sí, creo que eso demuestra que es excesivo para lo que es. Seguro que Glénat, que por cierto no es de las editoriales más caras, podría justificar el alto precio, pero al final a nosotros lo que nos importa no es si está ajustado o no a los costes, sino los cuartos que nos dejamos. Y en este caso me parece que son demasiados. La semana anterior compré el George Sprott por dos euros menos, y es un tebeo de menos páginas pero mayor gramaje, y un formato mucho mayor. Creo de verdad que estamos llegando al límite, esto no para y los precios suben y suben y suben, y por cualquier chuminada ya nos clavan. Recuerdo que el último de Jason editado por Astiberri lo dejé en su sitio porque valía más de veinte euros. Al menos esto tiene una cosa buena: te vas a la sección de atrasados a completar compras que tienes pendientes desde hace años y todo parece en comparación baratísimo.

23 Octubre 2009 | 10:56 PM

Ojeador

Ojeador dijo

Yo he leído el tebeo en cuestión y me ha gustado mucho. La humanización canina que se critica en el artículo no me parece tan nociva, de hecho se limita a esos sueños de vuelo (por cierto, los perros sueñan, no se sabe con qué, pero lo hacen) y a varias frases y palabras muy concisas relativas a su afecto por la cuidadora, quien tampoco me da la impresión de una transtornada. Sobrepasar los límites de ese recurso sí hubiese lastrado la historia, pero dentro de los márgenes en los que el autor se mueve no lo veo tan artificioso.

Un saludo.

16 Junio 2010 | 06:47 PM

The Watcher

The Watcher dijo

Personalmente, suelo ser muy susceptible con la humanización de animales en la ficción. Me encantan las historias de animales, pero considero que son más valiosas si siguen siendo animales de principio a fin, aunque no deja de ser una opción personal. Sin embargo, sí creo que no está bien construida la escena en la que la cuidadora "oye" a los perros.

Un saludo.

16 Junio 2010 | 07:44 PM

Ojeador

Ojeador dijo

Efectivamente, tal y como dices se trata de una cuestión de gustos personales. Posiblemente hubiera podido prescindirse de algunas de esas escenas que comentas, pero como apuntaba en el post anterior considero (valoración subjetiva, claro está) que dicha humanización no es lo bastante exagerada para estropear el desarrollo de la historia; en fin, que no estamos ante la versión canina de la mula Francis o algo parecido, sino ante unas pinceladas humanizadoras estratégicamente distribuidas a lo largo del relato.

Saludos

17 Junio 2010 | 07:45 PM

The Watcher

The Watcher dijo

En todo caso, no he vuelto a releer el cómic desde que escribí el artículo, tendría que volver a mirar estas escenas que comentamos.

Un saludo.

17 Junio 2010 | 09:41 PM

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