AVISO: SPOILERS DE ÉSOS.
¿Se puede inventar algo a estas alturas en el cine de vampiros? Antes de ver Déjame entrar, me habría jugado el cuello —qué agudo— a que no.
Déjame entrar es una película que innova y retuerce el mito del vampiro y al mismo tiempo es profundamente respetuoso con el mismo. En el panorama actual del cine de género fantástico, donde todas las producciones están cortadas por el mismo patrón, esta película es una gloriosa excepción en todos sus aspectos. Sueca, ambientada en un barrio obrero del Estocolmo de los años ochenta, Déjame entrar es una extraña mezcla. Es, sin duda, una película fantástica, pero al mismo tiempo, aborda temas sociales con una consciencia evidente, sin moralina y sin discursos. Es premeditadamente lenta, fría y oscura, de una belleza perversa. He leído muchas críticas que la califican de tierna. ¿Tierna? Y una leche. Al contrario. Es incómoda, turbia y despiadada. Pasar por tierna es la mayor de sus crueldades. Porque sí, se articula en torno a la "historia de amor" de una vampira y un niño, pero... tienen doce años. El despertar sexual es tratado aquí de una manera muy particular: son niños, sí... pero no tanto. Y cuando ambos están acostados en la cama desnudos, no puede verse como algo sórdido, pero tampoco como inocente.
Los actores que los interpretan, por cierto, son espectaculares. Especialmente la niña, pero el chaval es cojonudo igualmente. Hay una sinceridad y una intensidad en sus actuaciones que hace que lo que podría haber sido un fiasco —qué peligro tiene trabajar con niños en el cine— se convierta en una auténtica maravilla. Oskar es un chaval pálido y enclenque, de padres separados, acosado brutalmente en su colegio. Eli es una vampira que se muda al apartamento de al lado junto a un hombre que se encarga de matar incautos para alimentarla, que se hace pasar por su padre y se intuye enamorado de ella, obsesionado y capaz de matar por complacerla, y que acaba enloquecido, desfigurado, y finalmente asesinado por la vampira. Los dos niños se conocen en el patio del edificio, e inician una extraña relación que en realidad no tiene nada de extraña: son un chico y una chica que mezclan amistad, amor y sexo, como cualquier otros a esa edad.
Quizás lo que más me impactó de Déjame entrar, al margen de la ambientación y el tono de la misma, fue el magnífico uso que hace el director de los diálogos. Acostumbrados como estamos ahora a películas donde los personajes sufren una incontenible verborrea, donde se nos explica ab-so-lu-ta-men-te todo, porque el público es tontito y necesita todo bien masticado, aquí nos encontramos sobre todo con silencio. Los niños apenas hablan entre ellos: su relación avanza con miradas, con gestos, con esas conversaciones que mantienen golpeando código morse en la pared —una de las mejores cosas de Déjame entrar—. No se nos cuenta de dónde viene la vampira, ni qué hace, ni por qué, más allá de saber que es fuerte, ágil, bebe sangre y necesita, como en la tradición, que la inviten a entrar a los espacios cerrados.
No podría estar más alejada, además, de la última moda, que presenta a los vampiros como criaturas trágicas y románticas, víctimas de una maldición, y demás cháchara sobadísima ya desde que Ann Rice nos dio el coñazo y la sucedieron miles de imitadores, desde los creadores del juego de rol de La Mascarada hasta ese engendro lamentable que es Crepúsculo. Eli no está atormentada más que por la sed de sangre. No siente remordimientos, no declama largos monólogos en los que se lamenta por la pérdida de su alma. Es una criatura hambrienta y letal, y el hecho de que simpaticemos con ella incluso cuando se cepilla sin miramientos a vecinos del barrio que no han hecho nada malo no es más que el mejor ejemplo de lo retorcido que es el film.
Hay otra cosa decisiva en el resultado final que me encanta: la óptica desde la que se muestra lo fantástico. De nuevo, frente a la moda de los efectos especiales a cascoporro para tapar carencias interpretativas y argumentales, frente a la costumbre de mostrarlo todo explícitamente por el único motivo de que puede hacerse, el director de Déjame entrar tiene la virtud de insinuar. Esta película es de otra época, no sólo por ambientación sino también y sobre todo por realización. Ninguna escena violenta es mostrada directamente, los "poderes" de Eli son mencionados, pero ni siquiera podemos estar seguros de que sean auténticos porque no los vemos. Y no hace falta alguna. No es una cuestión ésta de mojigatería o buen gusto: ¡es que es mucho más efectivo así! Intranquiliza más, da más miedo incluso, saber qué está pasando pero no verlo claramente. Hoy, en la era de los morphings y la casquería en primer plano, es una agradabilísima sorpresa encontrarse con un director con la sensibilidad adecuada para enfrentar el género fantástico como se hacía antes, sin estridencias, sin fuegos de artificio barato que impactan, sí, pero sólo superficialmente. La escena final, lo más parecido a un clímax que tiene esta película de ritmo pausado, sucede fuera de cámara: Oskar está bajo el agua, a punto de ser ahogado por sus acosadores, y entonces Eli aparece y acaba con ellos. Pero no vemos más que los resultados. La cámara está fija en el niño mientras oímos los gritos, vemos caer al fondo del plano una cabeza, el brazo que sujetaba la cabeza de Oskar se desprende flotando, el de Eli saca al chico del agua. Magistral. Incalculablemente más valioso que si se hubiera orquestado una lucha con muñeco infográfico.
Ojalá se hicieran más películas como ésta, aunque evidentemente gran parte de su valor está en su excepcionalidad. Sensible, sí, pero aterradora, de un modo complejo, que huye de obviedades y esquiva el camino más corto para ir por otro más fructífero. Tremendas actuaciones, decenas de escenas sublimes —Eli lamiendo las gotas de sangre de Oskar en el suelo, ambos en la cama, sin mirarse, el beso que ella le da con la boca llena de sangre—. Una película que pone de manifiesto lo solos que estamos, lo difícil que es comunicarse, pero que también es, más allá de eso, la mejor película de vampiros que he visto en mucho tiempo, que se ha abierto paso a la chita callando, sin presupuesto, sin publicidad, sin la pompa y el boato de Hollywood. Déjame entrar creo que será recordada durante mucho tiempo, y mencionada a partir de ahora como un referente del cine de vampiros, donde tantísima mierda se ha hecho. O debería serlo, vaya. Poco me importa mientras pueda seguir disfrutando de ella y entender que el terror no es dar un respingo en el asiento por culpa de un susto barato, sino comprender, en el final de la película, al ver a Oskar huyendo en tren junto a Eli, que él envejecerá mientras ella tendrá, eternamente, doce años. Darse cuenta, con un escalofrío, de que el destino del niño es acabar como el adulto que acompañaba a Eli: viejo, loco, y sustituido al final por un nuevo niño. Eso es el miedo.


Y como ya ocurriera con "Abre los ojos", "Nikita", "Los siete samurais", "Tres solteros y un biberón" y tantas otras, los yanquis tienen que hacer su propio remake descafeinado para que "el público yanqui" la pueda disfrutar. Como si el resto del mundo no nos comiésemos su fast food diariamente tanto en serie como en cine. Pero claro, si en vez de Suecia es en el nevado Boston, el americanito de turno la entiende mejor...
Una de las cosas que más me gustó es que la peli transmite el verdadero frío de Suecia.
Ahaha, aún soy ingenua: ni se me había pasado por la cabeza lo que dices del Óskar viejo. Pero completamente de acuerdo contigo en todo lo demás, Watcher. La escena final me persiguió durante semanas, y seguramente recordaré por mucho tiempo aquella partecita de amor para ellos (de terror para nosotros, claro) en el que, sólo mostrando los ojos, Eli le sonríe a Óskar después de haber asesinado a los tres chamacos, con el rostro salpicado de sangre. Brrr.
Además tengo que reconocerle al director que incluso las cuatro escenas de efectos especiales son muy elegantes también: la vampira suicida que se combustiona a la luz del sol, los ojos de la niña brillando como los de un gato en la oscuridad... Tendría que seguirle la pista al señor, y a los actores, a ver qué otras preciosidades efrecen.
Vaya tocho me cargué. Y por cierto, aunque no comente nunca, siempre leo todo muy cuidadosamente (salvo los posts de Mike Oldfield) (:
Se cuidan y se portan mal.
Lo olvidé o.o Igerifreki, ¿Cómo se llama el remake del que hablas?? ¿En serio lo han sacado tan pronto??
Estados Unidos tiene mucha confianza en sí mismo...
Hombre, Sol, cuánto tiempo. Me alegro de que sigas por aquí (aunque no te leas los posts de Mike Oldfield xD).
Respecto a la película, la verdad es que no tengo ni idea de qué han hecho los actores después de ella, que además tiene ya un par de añitos. Del director tampoco sé nada, pero parece ser que ésta es la única película de género fantástico que ha hecho.
Un saludo.
SPOILERS
Directamente, me parece una de las mejores películas del año. Y muy buena reseña. Efectivamente, está llamada a convertirse en un clásico, y lo mejor son las actuaciones (increíble que unos niños hayan superado a actores más crecidos como son los de Crepúsculo; bravo por ellos), lo bien que se insinúan las escenas violentas (sin duda lo más sorprendente de la cinta) y la excelente ambientación.
Y, sobre todo, los sentimientos. Muy bueno tu punto de vista sobre la falta de ternura. Yo no lo vi así en el cine, y leyendo el libro se resalta que sí puede existir ese cariño entre Eli y Oskar. Pero visto de ese modo tiene un sentido mucho más aterrador. Buena observación, en ese sentido la película gana en frialdad y tenebrosidad.
La escena de Eli y Oskar en la cama sí me pareció tierna, aunque no exenta de esa carga sexual, o las escenas de ellos dos juntos comenzando a sentir algo que desconocen. En Eli, a pesar de los diálogos, veo no lamentación por su condición, sino resignación. Está empezando a gustarle Oskar, un muchacho de su edad, cuando pensaba que su condición se lo impediría. Y sabe que no puede huir de ella, pero ese sentimiento es muy fuerte. No necesita palabras para expresarlo, solo con esos gestos y miradas que mencionas.
Pero claro, siempre queda ese final: nada terminará nunca, y Oskar seguirá envejeciendo, convirtiéndose en alguien que mate por su amor. Con la diferencia de que, en este caso, Eli sí siente algo por el niño.
Eso sí, terrorífico personaje; sientes pena y repulsión cuando mata y ataca vecinos sin ton ni son, pero luego contienes la respiración cuando están a punto de matarla en la bañera. El monstruo acaba por conquistarte.
Por cierto, un detalle: ¿sabías que en realidad Eli es un chico? En el libro (que recomiendo; la película sorprendentemente es mejor, pero el libro explica unos cuantos detalles muy curiosos) explica cómo es raptado hace doscientos años, castrado y mutilado, y convertido en vampiro. Elías pasa a ser Eli, y se aprovecha de viejs pedófilos para conseguir víctimas. En el libro son niños, lo que hace que el morbo sea aún más repulsivo. Y se ahonda más en cómo Eli comienza a interesarse por Oskar. Otra traba: no sólo es su condición de vampiro, sino que directamente su sexo hace que esa relación sea imposible entonces. La escena de cómo Eli se dispone a morder a Oskar pero retrocede cuando éste la besa es genial; no recuerdo si está en el libro, pero me encanta, un simple beso hace que el vampiro cambie.
Me alegra ver que esta película está gustando cada vez más. Se lo merece.
¡Saludos!
Muy interesante tu blog. Ya tienes un lector nuevo.
Muy bueno este post sobre Déjame entrar !!!
Me he tomado la libertad de agregarte como amigo.
Un salu2 desde La Katana Amarilla