La Coctelera

The Watcher and The Tower

Blog acerca de cómics, libros, música y lo que tenga a bien su autor.

1 Enero 2010

Música: Light+Shade, de Mike Oldfield.

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            En 2005, Mike Oldfield se enfrentaba a una situación que no le era extraña: acababa de terminar su contrato con Warner con una regrabación de Tubular Bells —interesante, pero probablemente superflua— y firmaba con Mercury Records. Sin embargo, no estaba precisamente en su mejor momento creativo. Tr3s Lunas y The Millenium Bell habían sido sendos fiascos que no hacían presagiar nada bueno. Se anunció entonces la salida de Light+Shade, que sería un doble álbum en el que Oldfield mostraría sus dos caras: la "luminosa" y espiritual, y la "oscura" y marchosa.

            Efectivamente, se mostraron las dos caras de Oldfield, pero del Oldfield de los últimos años: la cara chill out que aburre a las ovejas, y la cara pachanguera que se empeña tercamente en ritmos tecno que, en 2005, llevaban como mínimo diez años de desfase. Aborda el proyecto con la misma desgana con la que compuso Tr3s Lunas, si no más, dado que aquí ni siquiera tenía el aliciente del videojuego para motivarse. Desde la poltrona, sentado frente a sus ordenadores, sintetizando ya hasta las voces, sumido en la autocomplacencia, Oldfield no se exigió nada para rellenar estos dos CDs con música blanda, simple y carente casi por completo de interés.

            Oldfield parecía un amateur manejando programas como Fruity Loops, y el resultado de hecho no era mejor de lo que muchos músicos aficionados eran capaces de hacer con él. Se estaba dejando como músico hasta límites alarmantes: el escaso nivel de sus interpretaciones de guitarra y piano -únicos instrumentos reales- así lo atestiguan. No es, como podría decirse en ciertos discos de los ochenta, que Oldfield elija o le impongan hacer determinada música, "bajar el nivel" para ser accesible. En absoluto. Es que no puede hacer más. Es incapaz de crear nada mínimamente complejo o siquiera emocionante. Tampoco es que quiera. Le da igual. Perdida toda perspectiva, considera que sus seguidores deben flipar con sus jugueteos informáticos, con su música "espiritual".

            Y el problema es que alguno lo hizo. Quizás lo que más me sorprendió de este disco —cuyo lanzamiento fue el primero que viví ya conectado a su mundillo en internet— fue cómo muchos seguidores vieron más, mucho más de lo que había. "Ha vuelto", clamó más de uno tan sólo con oír unos mínimos acordes de la tediosa Angelique, quizás porque había un deseo casi desesperado de que Oldfield volviera a hacer algo bueno de verdad. Sobredimensionaron muchos temas, inflaron el valor de Light+Shade hasta límites alucinantes, justificaron lo injustificable con tesón. Hoy, me temo, el tiempo ha dado la razón a los que no gustamos del doble álbum ni en una primera escucha: ya nadie habla de él, ni de Tears of an Angel, supuesta joya del Oldfield contemporáneo que nadie menciona siquiera.

            Y es que son muchas las cosas difícilmente justificable ni por el fan más recalcitrante. Para empezar, la vergonzosa forma en la que, para poder rellenar ambos discos, recurre a amontonar todos los restos de su producción anterior. First Steps es un corta-pega de descartes o versiones de Tr3s Lunas, diez minutos insoportables de sonidos de lata. Ringscape es otro descarte, al menos de cierta elaboración. Sunset no sé si lo es, pero lo parece. Pero las mayores vergüenzas son otras, concretamente dos: la abominable versión que del Romance Anónimo perpetra en su Romance chunda chunda, algo que sólo puede hacer llorar de rabia a cualquier amante de la música, y que a él mismo debería haberle repugnado. No sé si es el peor tema de toda su discografía: sólo sé que me parece una mamarrachada que demuestra lo baja que estaba su creatividad en aquel momento. El otro cabrea menos pero no es más digno: la inclusión de un tema que es una modificación, mínima, de un preset del Fruity Loops: Slipstream. El hombre que compuso Tubular Bells, Ommadawn o Hergest Ridge, coge un preset que le hace gracia, le hace dos cambios, como si fuera un aficionado de quince años, sólo que él como es Oldfield lo vende en un disco. Es llegar a extremos inadmisibles, por muy fan que se sea. Demuestra una desidia, una despreocupación total por el resultado final de su trabajo, y sobre todo, una desconexión total de la realidad, que es la que le hace pensar que este Light+Shade es maravilloso, y que su basura —pues sólo así puede calificarse algo como Romance, lo siento— huele a rosas porque la ha producido él.

            Señaladas claramente las mayores lacras de Light+Shade, hay que decir que lo que queda es mejor. No era difícil, claro, y tampoco es que sea decir demasiado. Blackbird y Rocky son dos de esos temas que se empeña en hacer basados en un piano que no domina, y menos a estas alturas, lo suficiente como para que quede algo digno. Son temas lentos y repetitivos adornados con mucha filigrana pero que no le llevarían demasiado tiempo. Rocky estoy convencido de que puede tocarse con una sola mano. The Gate es un insoportable experimento con las voces sintéticas, imposible de escuchar más de una vez —y una vez entera ya es mucho—. Temas como Angelique, Closer o Our Father me parecen más aceptables, pero aburridos al fin y al cabo. Quicksilver tiene una guitarra curiosa pero es destrozado sin piedad por el pachangueo más vulgar —bueno, no; el más vulgar está en Romance—. Surfing, Resolution o Nightshade —que contó con la colaboración de Schiller, aunque el hecho de que no llegaran a verse las caras es muy significativo—, irrelevantes, insulsas. Queda como única pista mínimamente salvable la ya mencionada Tears of an Angel. Muchos se maravillaron con ella. No es para tanto, me temo. Es verdad que tiene más sustancia y movimientos que todos los demás juntos, y que, con otra producción más orgánica, habría sido un digno relleno de discos de más enjundia. Sus guitarras son las mejores de Light+Shade, tienen garrilla y recuerdan tiempos mejores, Pero las voces de mentira, los violines sintéticos que abren el tema y que tan mal suenan, y la percusión machacona que, sin darnos cuenta, se había convertido en marca de fábrica desde The Songs of Distant Earth, echan a perder el único tema interesante de este doble álbum que no he podido escuchar sin saltar pistas para escribir este artículo. 

            Light+Shade, esa colección de recortes, descartes, y engendros apresurados de diverso pelaje, es para mí el peor trabajo de Mike Oldfield, junto con The Millenium Bell. Es, simplemente, algo que si no llevara su nombre, cualquiera de sus aficionados habría desechado sin miramiento alguno, y con razón. Fue además, la constatación, si es que a aquellas alturas aún hacía falta, de que el genio se había extinguido. De que llegado hasta ese extremo de mediocridad, no había ya marcha atrás.

 

NOTA FINAL: Con esto, llego al final de mi repaso por la discografía de Mike Oldfield. De Music of the Spheres ya hablé en su momento. He tardado algo más de un año en completarlo, año y medio en el que he ido ordenando y plasmando en artículos ideas y sensaciones fruto de cerca de dieciséis años de escuchar su música. ¿Conclusiones? Que Mike Oldfield ha compuesto un puñado de discos espectaculares, con momentos que no han sido superados en la música popular contemporánea. Cinco discos al menos son obras maestras; el resto va de lo excelente a lo lamentable. Al final ése es el principal problema: su carrera está irremediablemente marcada por su intermitencia, los bandazos incoherentes que su personalidad inestable le hace dar, y la recurrencia casi patológica a su disco fetiche, Tubular Bells. Tal vez tendría que haberse retirado a tiempo. Amarok, o incluso Tubular Bells II, habrían sido excelentes broches a una carrera sobresaliente. Pero los últimos tiempos han evidenciado que el talento de Oldfield se ha echado totalmente a perder. No sé qué parte de culpa tiene el fan indulgente que lo traga casi todo. Sospecho que poca, en realidad. Son muy pocos. La gente tiene criterio, en general. Tiene mucho más que ver su deriva mental, su encerramiento en sí mismo, su falta de contacto con otros músicos. Ya no necesita la música. Es así de sencillo. Sigue editando trabajos —o seguía: soy de los que piensan que esto se acabó— por dinero, vanidad, o por el gusanillo que pueda tener aún. Pero no lo necesita. No precisa de la música para mantenerse cuerdo, como cuando tenía diecisiete años y el mundo se le venía encima. Y por eso los resultados son los que son en los últimos diez o doce años. Él es ahora más feliz, claro. Y se ha ganado la placidez con la que vive ahora. Pero al aficionado le quedará siempre la amargura de asistir a la degeneración más absoluta de un músico tanto en el aspecto compositivo como en el interpretativo —ver hoy en día a Oldfield tocar en directo duele—. Le queda también, claro, una música irrepetible e incomparable.

            Y nada más. Pido perdón a los lectores habituales nada interesados en el tema que habrán acabado hasta el gorro de tanto Oldfield —aunque seguramente no estaréis leyendo esto—, y a los que sí les interesa si alguna vez les ha podido molestar mi vehemencia. A partir de ahora, hablaré de otros músicos. Será refrescante.

servido por The Watcher 4 comentarios compártelo

4 comentarios · Escribe aquí tu comentario

blackscy

blackscy dijo

Qué decir de tus críticas sobre Oldfield, las he leído todas, la mayoría durante mis primeras escuchas de Oldfield, y he estado de acuerdo en casi todo lo que dices. Me lo apuesto todo a que las cinco obras que consideras maestras son las mismas que las mías (y las de cualquiera que de verdad aprecie la música de Oldfield, para qué nos vamos a andar con rodeos).

Y sobre Light+Shade... Una verdadera basura. Durante algún tiempo me gustó escuchar algún corte, como el solo de Tears of an Angel, pero ya ni eso. Cada nuevo disco que ha ido sacando ha sido una nueva confirmación de que Oldfield dio todo lo que le quedaba con Amarok, hace ya casi 20 años.

He disfrutado mucho de tus críticas, The Watcher. Cada álbum que iba escuchando lo analizaba con ayuda de tubular.net y mikeoldfieldblog.com, viendo críticas y comentarios de usuarios, dándome cuenta de que había más gente en el mundo a la que le gustaba Mike Oldfield tanto como a mí, dado que no puedo hablar mucho sobre música con gente de mi entorno...

Espero descubrir buena música a través de tu blog ;)

1 Enero 2010 | 02:22 PM

The Watcher

The Watcher dijo

No hace falta ni decir esas cinco obras, blackscy. A mí internet también me abrió puertas respecto a Oldfield, en muchos aspectos: encontrar rarezas o directos, debatir sobre sus discos, entender mejor cómo surgen éstos... A partir de ahora intentaré hablar de otros discos, probablemente más desconocidos, pero no es fácil. No soy ningún entendido en música y no siempre tengo cosas mínimamente interesantes que decir de todo lo que me gusta, que es muchísimo.

Un saludo.

1 Enero 2010 | 06:13 PM

Judas Traveller

Judas Traveller dijo

eso de entendido en musica es cierto mira que no gustarte los ramones XD

7 Enero 2010 | 04:15 PM

The Watcher

The Watcher dijo

Hey, ho, let's go!

7 Enero 2010 | 04:16 PM

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