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A mediados de los setenta, el panorama musical español se dividía, grosso modo, entre folclóricas y demás fauna que aún hoy da por saco, grupos de pop fresquito que fusilaban sin miramientos a los Beatles más comerciales, y cantautores de poderoso mensaje pero discurso musical tirando a endeble. No es de extrañar que en este escenario la irrupción de Triana en 1975 supusiera todo un soplo de aire fresco.

            No es que hoy en el resto de países estén mucho mejor en cuanto al nivel de su música, pero si en España tenemos lo que tenemos es porque, precisamente, no tuvimos unos setenta como eran debidos. Fueron muy pocos los músicos que miraban fuera. La escena progresiva española, que la hubo, se concentró en Barcelona y Sevilla, y en ella circulaban, casi en la clandestinidad, los discos de Jethro Tull, King Crimson o Yes. Muchas bandas hoy olvidadas, de vida efímera, intentaron hacer esa música, pero se limitaron, casi siempre, a la imitación de la misma. Triana fue de las pocas, y la única que alcanzó la estabilidad, que cogiendo los mecanismos del rock progresivo anglosajón supieron trasladarlo a su mundo, a sus bases musicales, y hacer una música propia, con una personalidad única e irrepetible.

            El primer resultado de aquello fue El Patio. Jesús de la Rosa (composición, voz y teclados), Eduardo Rodríguez "Rodway" (guitarra española), Juan José Palacios (percusiones), más Manolo Rosa al bajo y Antonio García de Diego a la guitarra eléctrica, con pocos medios, parieron esta obra entonces inclasificable. Se suele decir que Triana fusionaron el progresivo con el flamenco. Yo no estoy del todo de acuerdo: lo que Triana hizo fue plenamente progresivo, pero hecho desde unas bases flamencas, partiendo desde lo que habían mamado desde pequeños. Esas bases se pueden dejar sentir más o menos, pero no dista demasiado, en conjunto, de lo que bandas anglosajonas del mismo palo hacían al incorporar instrumentos y melodías folk a su música. Jesús de la Rosa había aprendido a cantar entre flamencos, en el barrio de Triana, y como tal cantaba. Lo mismo puede decirse de Rodway con la guitarra. Pero que alguien cante con voz rasgada alargando las vocales no convierte su música instantáneamente en flamenca.

            El Patio contiene las que quizás sean las dos mejores composiciones del grupo: Abre la puerta y En el lago. Dos espectaculares temas llenos de fuerza, que sobrepasaban bastante la duración y los estándares de una canción de la época, y que despertó los aletargados oídos de la muchachada española a golpe de teclados mellotron, poderosa batería que hasta se descolgaba con un solo, y una guitarra eléctrica vibrante y potente, que se entremezcla a la perfección con la española. Una propuesta original que aún hoy sorprende y encuentra seguidores entre gente joven que los descubre por primera vez. El resto del disco está completado con piezas tranquilas de carácter acústico y por tanto más "aflamencadas", como la breve Todo es de color o Luminosa mañana, adornada con una grandiosa percusión y el teclado de de la Rosa, y composiciones más potentes: la lírica Diálogo, Sé de un lugar y la tremenda Recuerdos de una noche, de grandioso y complejísimo final, quizás injustamente olvidada frente a la abrumadora calidad de Abre la puerta y En el lago.

        El Patio fue un moderado bombazo, teniendo en cuenta cuáles eran las corrientes imperantes y la poca publicidad que tuvo el álbum. Triana demostró que podía hacerse algo distinto, una música "difícil", que huía de estándares y no temía adentrarse en terrenos desconocidos, que cuidaba la letra tanto como la instrumentación, que en algunos momentos alcanza niveles que poco tienen que envidiarles a grupos anglosajones consagrados. La llama sin embargo, se apagó muy pronto. Hijos del agobio (1977) aún es un disco excelente, pero a partir de entonces, la banda entró en una crisis creativa, o quizás simplemente cedió a la tentación de hacer algo más simple, una música más cercana al pop, para llegar a un público más amplio. No fueron los primeros ni los últimos en caer en esa trampa. En esa etapa aún hay buenas canciones —Quiero contarte, Desnuda la mañana, Tu frialdad—, pero está muy lejos de sus inicios. Vivieron, de alguna forma, la misma decadencia que bandas como Genesis o Yes, que por presiones de mercado dejaron de comerse la cabeza para pasar a ofrecer canciones de tres minutos y medio con estribillo pegadizo, pero a lo bestia y mucho más rápido. Si Triana hubiera surgido en el 68, ahora tendríamos seis discos excelentes y no sólo dos. La prematura muerte de de la Rosa en accidente de tráfico acabó de golpe con la banda y la elevó a una categoría de leyenda que se merece, sin duda alguna, y que ni los intentos de resucitarla con mayor o menor honradez podrán horadar.