La Coctelera

The Watcher and The Tower

Blog acerca de cómics, libros, música y lo que tenga a bien su autor.

11 Mayo 2010

Éramos pocos y parió la abuela: el derecho de cita y el derecho de autor.

            Hace un par de días vi este post en el blog de Joan Navarro. Como Navarro es parco en palabras, rastreé la red intrigado por la cuestión, hasta llegar aquí y aquí y entender qué estaba pasando. En pocas palabras —pero no sean vagos y lean los enlaces, que se explica mejor—: una sociedad de gestión de derechos de autor tirando a pequeña, la VEGAP, le anda pidiendo a Toni Guiral unos dineros por unas imágenes usadas en un volumen de su imprescindible Del Tebeo al Manga: una historia de los cómics.

            Me sorprende que el tema no se haya tratado a fondo en los blogs de cómics, pero creo que es importante posicionarse. Y de forma tajante. Primero: el derecho de cita existe. E incluye imágenes e ilustraciones. La existencia de este derecho es fundamental para el desarrollo de la investigación y la divulgación en todos los campos. Imaginemos a un físico que no puede citar textualmente a otro físico en un artículo, o a un filólogo que, escribiendo un ensayo sobre la obra de, por ejemplo, Francisco Umbral, no pudiera reproducir unos párrafos de Mortal y rosa. Esto es de sentido común, y si las entidades de gestión se quieren meter también en estos jardines, allá ellos.

            Ahora bien: es verdad, como dice el artículo de José Torralba en Zona Negativa, que la ley es ambigua. Que en el momento en el que hay comercialización, entramos en una zona de grises. Pero ahí es donde debería entrar el sentido común y el entendimiento entre ambas partes. Yo no entiendo cómo un autor puede molestarse porque una viñeta suya aparezca en una obra divulgativa, y menos aún en un mercado como el español. Teóricos y autores conviven estrechamente, hasta el punto de que muchas veces ambas figuras coinciden en las mismas personas. Ambos deberían remar en la misma dirección. Es cierto que hay muchas, muchas rencillas, pero no es menos cierto que los autores se benefician muchísimo de la labor de los teóricos y divulgadores, incluyendo, sí, la que realizan los que mantienen un espacio en la red sobre tebeos. Si uno lee un libro teórico en el que aparecen autores que desconoce pero que le agradan en esa primera toma de contacto, es muy probable que a partir de entonces se compre alguna de sus obras. Y lo mismo pasa con lo que se lee en la web, en la medida que sea.

            Dado que el cómic es un medio visual, la utilización de imágenes en su estudio es poco menos que imprescindible. No es que no pueda imaginarme La novela gráfica de Santiago García sin imágenes —el texto seguiría siendo el que es—, pero es indudable que con ellas, sus tesis quedan mejor explicadas. En otros casos es directamente imposible, por ejemplo, en un estudio de carácter semiótico del lenguaje del cómic. Poner ejemplos sin mostrarlos en la misma obra es, siendo amables, ridículo.

            En estos momentos, la teoría del cómic está viviendo, a mi entender, su primer boom. No es que no haya obras clásicas sobre la materia, que las hay, pero es ahora cuando parece que el terreno es el adecuado para este tipo de obras que son imprescindibles, más allá de que sean mejores o peores o se esté más o menos de acuerdo con ellas. Esto beneficia al medio, que es de lo que se trata. Por eso me parece que  pretender cobrar por usar imágenes con este fin es infame, y además, de cretinos. Porque dudo mucho que en los tiempos que corren ningún autor pueda permitirse ofrecer una mala imagen de cara a toda la profesión y a los aficionados reclamando unos euros en base a una ley difusa. Y por la parte que le toca a esta VEGAP, bueno, me da que han querido lanzar un globo sonda a ver cómo está la cosa. Es un poco lamentable, teniendo en cuenta el dinero que se mueve en el cómic: lo mismo se piensan que Guiral se paga el yate con lo que saca de Del tebeo al manga.

            Y es que ésa es otra. Precisamente han ido a por Guiral, uno de los teóricos más respetados en el medio. Atacarlo es, como dice Navarro, una "bajeza moral". Creo que no he leído nunca un ataque a su persona o una crítica a su modo de actuar. Guiral es respetuoso con los derechos de autor y además siempre que puede los reivindica, por ejemplo con el caso concreto de los autores de Bruguera. Su labor en estos momentos me parece irremplazable. Él, y sus muchos colaboradores, no lo olvidemos, echan muchas, muchísimas horas, para sacar al mercado una obra impresionante, de referencia a partir de ahora ineludible para todos los que queremos ahondar un poco más en el cómic. Aparecer en ella debería ser un orgullo, y no una oportunidad para ratearle al autor unos euros miserables. Porque aunque las cifras de venta no las sabemos, si me dicen que cada tomo vende más de dos mil quinientos o tres mil ejemplares, no me lo creo. El dinero que pueda reportarle a Guiral no paga, evidentemente, las infinitas horas que le está dedicando. Como tampoco se lo paga a Santiago García por su La novela gráfica, o a Rafael Marín por su excelente ensayo sobre Watchmen. Son obras hechas desde el amor y la dedicación. Como lo son —tampoco nos creamos los más guapos de la clase— la inmensa mayoría de las obras de investigación que se publican en España. Nadie se hace rico investigando. Ni siquiera se vive, salvo excepciones, de investigar. Es un plus, una forma de hacer currículum y en los mejores casos de sentirse realizado como profesional. No puedo concebir que haya mala fe o afán de aprovecharse del trabajo ajeno en ninguno de los mencionados. Y además, a efectos prácticos, es de idiotas pensar que un libro de este estilo va a vender más porque aparezcan dos o tres imágenes de un autor.

            No, aquí los que intentan aprovecharse son otros. Y lo mismo todo surge de la mejor de las intenciones. Pero al final es lo de siempre: una entidad oscurantista de gente que no se sabe muy bien qué hace reclama un dinero en nombre de alguien que no se sabe muy bien quién es ni qué piensa del asunto. En nombre del derecho del autor se pretende pisotear el derecho de una sociedad a ser informada.

            Y por eso creo que hay que ser totalmente firmes. Tolerancia cero. Los críticos parece que ya están haciendo frente común para defenderse de esto. Los autores deberían hacer lo mismo. Sería muy absurdo que acabaran como tantos cantantecillos con el cerebro lavado manifestándose a favor de la SGAE. Los autores de cómic están, lo decía antes, en el mismo barco que los teóricos. Todos quieren lo mismo. Es cuestión de entenderse, nada más. Todo el mundo debería entender dónde acaba el uso legítimo e imprescindible de imágenes y dónde se empieza a tener mucha cara. Hay una diferencia abismal entre aquel libro de Death Note editado por Dolmen y la colección de Guiral, tan evidente que puede verse sin que haya abogados de por medio. También es cierto que al legislador hay que exigirle una regulación más clara sobre el derecho de cita, que establezca unas normas de juego sin ambigüedades para que todas las partes sepan a qué atenerse —pueden usarse tantas páginas, o tantas viñetas, o tal porcentaje, y en tal, tal y tal caso—, y ahí ya es tarea de los interesados conseguir una posición justa que dé libertad a la investigación. Pero mientras a éstos ni un duro. Así de sencillo. Empezar a pagar porque sea poco dinero, o por quitarse de líos, no hará sino darles alas y envalentonarles. No, señor. No se paga. Que sean los jueces los que decidan qué es derecho de cita y qué no. Si se empieza a ver como algo normal, al final tenderemos a un modelo muy peligroso. El que ya pone en marcha Moulinsart con su obsesivo control de todo lo que tiene que ver con Tintin: diga lo que yo quiero o págueme. Y esto podría llegar a aplicarse también a páginas web, dando lugar no sólo a un sistema recaudatorio inaudito, sino a una censura de facto tremendamente peligrosa.

            Sobre todo por eso, pero también porque es imprescindible para el avance de la investigación, en todos los campos, hay que parar esto antes de que empiece. Aún no son una SGAE: no les dejemos serlo nunca. Autores y teóricos deben llegar a un acuerdo —que en realidad a mí me parece obvio que ya existía: insisto en que dudo muchísimo que ningún dibujante crea que Guiral se está aprovechando de él— dejando el margen a esta VEGAP que pretende erigirse, como su prima, en garante único de todo un colectivo. No son buitres: el buitre es un ave impresionante. Son, simplemente, seres humanos. Del montón.

servido por The Watcher 2 comentarios compártelo

2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Igerifreki

Igerifreki dijo

¡MUERTE A LA VEGAP!
Vergüenza y asco, eso es lo que me da. No teníamos suficiente con la panda de piojosos de la SGAE que ahora habrá que exprimir a los autores (como si no lo estuviesen ya). Bueno, y luego a nosotros, los lectores (que al final somos los que pagamos todo).
Acabemos de matar al cómic si eso. También le podemos subir el precio a los cómics para alimentar más si cabe a otra pandilla de chupópteros chupatintas, burócratas de estos que tanto abundan en este país.
Lo que nos faltaba.

12 Mayo 2010 | 12:30 AM

The Watcher

The Watcher dijo

Y el caso es que una asociación así podría hacer cosas positivas y velar por los derechos de los autores donde hay que hacerlo. Por ejemplo, partiéndose la cara por los autores de Bruguera. Pero es más fácil esto, claro.

12 Mayo 2010 | 02:48 PM

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