Cómic: Cerebus: Alta Sociedad, de Dave Sim.
Retorno de mi retiro forzoso con un artículo sobre la que fue, sin ninguna duda, la novedad estrella del pasado Saló del Cómic: el Cerebus de Dave Sim.
Afrontaba su lectura con ciertos prejuicios, entendidos no como algo negativo, sino como simples opiniones previas. Estaba convencido de que me parecería un gran tebeo, pero no me gustaría —a estas alturas, me creo lo suficientemente maduro como lector para diferenciar una cosa de la otra—. La antipatía que me despierta el Sim contemporáneo y Judenhass, que me pareció un panfleto carente de interés, me hacían pensar que no conectaría con Cerebus. Afortunadamente, no ha sido exactamente así.
No me equivocaba sore la calidad de la serie: es altisima. Cerebus es una obra fundamental del cómic americano, y su publicación en España, tanto tiempo retrasada por el empecinamiento del propio autor, es un acontecimiento a celebrar, sin duda alguna. Sobre la importancia de Sim en el movimiento independiente y en la autoedición hay multitud de textos en la red, algunos muy buenos, por lo que no me extiendo en este punto. Sobre el contenido de Cerebus, lo primero que hay que señalar es que es una obra monumental, impresionante, un proyecto de vida de un autor que enseguida tiene las ideas claras y sabe narrarlas.
Alta Sociedad es un relato apabullante por su magnitud. Cerebus, que empezó como una parodia de Conan en sus primeros números —aún inéditos—, se convertirá en otra cosa. Y no lo hará de un número a otro, sino que ese cambio puede apreciarse, gradualmente, en este arco argumental, que comienza con la llegada de Cerebus, el cerdo hormiguero, a la Ciudad Alta, donde se verá inmerso en una enrevesada historia de intrigas políticas que le llevarán a lo más alto en la pirámide del poder. La historia empieza con un despliegue de personajes secundarios aparentemente inconexos: la maquiavélica Astoria, Lord Julius, sublime trasunto de Groucho Marx, una parodia del Caballero Luna marveliano que lleva por nombre Cucaracha Luna... Y por encima de todos ellos, Cerebus, un personaje completo y complejo, polifacético y engañoso. La ironía de que una parodia de un violento bárbaro no pegue ni un solo espadazo en quinientas páginas no es casual. Cerebus habla en tercera persona de sí mismo, pero es un individuo astuto e inteligente, que es capaz de mantener intrincadas conversaciones sobre filosofía y política, pero que va a verse arrastrado a un juego de poder que lo superará por completo, pese a sus esfuerzos. Pero no adelantemos acontecimientos: decía que Alta Sociedad arranca de manera inconexa. Las piezas no parecen estar unidas. Sim sorprende y divierte por acumulación incontrolada y mantiene el interés por el indudable atractivo de Cerebus. Y de repente —y pronto, en realidad—, todo encaja perfectamente, y Sim convierte su historia en una sátira genial de la sociedad actual y sus mecanismos de poder, tan genial que casi es más adecuado calificarla como certero retrato, porque la mayor parte del tiempo uno no tiene la sensación de que se esté exagerando o deformando la realidad ni un ápice, ni siquiera cuando una cabra se presenta a las elecciones.
La clave reside en el momento en el que Astoria, que había aparecido como una desvalidad muchacha, se revela como una hábil manipuladora dispuesta a utilizar sus talentos políticos para convertir a Cerebus en primer ministro. Cegado por el brillo del oro que se le promete, el cerdo hormiguero acepta, y se ve inmerso en una vertiginosa carrera electoral que nada tiene de medieval, pese a la ambientación de la serie —que se convierte, en un acierto por parte de Sim, en una mezcla apócrifa muy atractiva—. Los movimientos de ambos partidos, los debates electorales, el sinsentido del juego político, encarnado sobre todo en Lord Julius pero también en la sociedad en general, sno narrados con minuciosidad, y con un pulso narrativo admirable. Hay que ser muy bueno para que un relato de este tipo no aburra nunca, sino que, al contrario, resulte totalmente cautivador. En medio de la locura colectiva, sólo Cerebus y quizás Astoria se dan cuenta de que nada tiene sentido, aunque el primero tiene menos paciencia que la segunda, dispuesta a todo con tal de convertirse en la mujer detrás del primer ministro. El lector asiste así a un desglose complejísimo del arte de hacer política y todos sus mecanismos, retratados con humor pero con lúcida inteligencia: el juego de rascar una espalda para que te rasquen la tuya, la importancia del dinero, de los contactos, de la sonrisa por encima del contenido político del propio discurso, que alcanza cotas delirantes cuando, en un acto político, todo lo que Cerebus tiene que hacer para ganar votos es dibujar árbolitos con su autógrafo.
La trama no pierde fuelle nunca y alcanza su primer clímax durante la votación final, y, de nuevo, hay que ser muy bueno para que un recuento de votos se pueda convertir en un emocionante clímax. Tras los resultados, Cerebus tiene que enfrentarse a la penosa tarea de gobernar, y pronto se dará cuenta del lío en el que se ha metido. Añora la libertad y la guerra, pero al mismo tiempo el dinero sigue tentándole. Lord Julius, tan amigo como enemigo, parece saber más de lo que deja ver su cháchara sin sentido y siempre da la impresión de ir varios pasos por delante de los planes de Cerebus y su gabinete de gobierno. La situación, finalmente, llega a un callejón sin salida y el cerdo hormiguero opta por abandonar la ciudad y renunciar a su puesto como primer ministro, hecho que coincide con el regreso de la jerarquía eclesiástica, anticipando ya el siguiente arco de la serie, Iglesia y Estado.
Pero la vasta historia narrada por Sim no es lo único que sostiene la serie. Cerebus no sería lo mismo sin el impresionante despliegue formal de un autor que crece página a página y no tiene miedo jamás de experimentar. Cerebus es un catálogo de recursos narrativos, muchos de nuevo cuño: Sim intercala en ocasiones texto en prosa, diálogos de corte teatral, o gira la orientación de la página para hacerla apaisada —cuando Cerebus esté borracho, girará una y otra vez sus viñetas, haciendo que el lector tenga que girar su tomo al mismo tiempo—. No es el mejor dibujante del mundo en cuanto a trazo, pero como decía mejora a ojos vista, y sabe diferenciar y caracterizar perfectamente a sus personajes mediante estilos de dibujos diferentes que sin embargo casan sin problemas. Domina el blanco y negro con maestría, y no tiene miedo de jugar con la estructura de página, con lo que consigue un aspecto visual siempre sorprendente e innovador.
Todo esto bastaría para convertir a Sim en un grande de la historieta sin duda alguna —lo cual hace más incompresible una obra como Judenhass—, pero no olvidemos nunca que detrás hay una historia magistral, llena de personajes extraordinariamente caracterizados, de diálogos realistas y vibrantes, de un sentido del humor inteligente y sutil. Alta Sociedad es una lectura que atrapa, a pesar de ser muy densa y de leerse con cierto distanciamiento emocional: creo que es una obra que se disfruta, sobre todo, a un nivel puramente intelectual, a pesar de que haya momentos en los que no se puede dejar de ponerse en el lugar del agotado Cerebus, y, sobre todo, los dos encuentros con Jakka, durísimos, por todo lo que se intuye que hay detrás y por cómo se comporta el bárbaro.
Lo que puede leerse del devenir de la serie a través de los años y de la ajetreada vida de Dave Sim y su reposicionamiento ideológico-religioso me hace temerme que no aguntaré en el barco hasta el fin del viaje. Sin embargo, desde luego conmigo pueden contar para el siguiente tomo, y más teniendo en cuenta la gran edición que ha llevado a cabo Ponent Mon, adaptando una obra que por su léxico y su rotulación no era nada fácil de adaptar. Porque Cerebus, al margen de cómo acabara, y a pesar de que no se ha convertido en lectura de cabecera para mí -algo que cada vez es más complicado, claro- es un cómic fundamental. Y además un cómic que me gusta.


Josema dijo
Muchas gracias por el brillante artículo.
De parte de un admirador de Cerebus que se ha comprado toda la obra de cerebus en inglés pero que agradece infinito a Ponent Mon el inmenso riesgo de publicar la obra en español.
8 Junio 2010 | 06:45 PM