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Venga, uno de música, que hace mucho desde el último. Enrique Bunbury es un tipo... peculiar. De ésos que tienden a polarizar a la gente hasta los extremos: o lo amas o lo odias. O piensas que es un genio o un hortera, un intelectual o un gilipollas, sus letras pura poesía o un montón de chorradas. Lo divertido de Bunbury es que es todo eso a la vez, y más. Puede ser un capullo, sí. El personaje que se ha creado —porque no creo yo que en su casa se comporte igual— tiene un ego como un camión. Cuando discurre sobre religión, política o el sexo de los ángeles tiene siempre un tonillo de repelente niño Vicente un poco sobrado. Pero al mismo tiempo no puede negársele que tiene algo que hoy en día, en el apollardado panorama del pop/rock español, es rara avis: personalidad. Y suficiente crédito como para hacer lo que le salga de las narices desde que inició su carrera en solitario, incluyendo dejar la música un par de veces, no ya en medio de una gira, si no en medio de un concierto, dejando al público a cuadros. Tampoco creo que pueda negársele su compromiso: a este hombre le encanta lo que hace, lo vive, y se entrega muchísimo en los conciertos. Si te gusta su rollo es uno de los mejores frontmen que hay —si no te gusta su rollo no, claro, entonces lo asesinarías gratis—. En los conciertos con los Héroes del Silencio de hace unos años el tío se volcó de verdad, hasta llegando a cantar con fiebre en Zaragoza, y hay que tener en cuenta que él a esas alturas ya estaba a otras cosas, musicalmente hablando. Los Héroes, por cierto, a día de hoy me siguen pareciendo, con todos los peros que se les quieran poner, la mejor banda de rock que ha salido de este país.

            Bunbury me gustaba más con los Héroes que en solitario. Tiene algunos discos de rollo más... "latino", para entendernos, aunque no sea exactamente eso, que me aburren. Pero es verdad que tiene un puñado de temas buenos de verdad. Y, claro, cuanto más años tengo, por mucho que me siga gustando volver a los Héroes para reverdecer laureles, me voy encontrando más en las letras del Bunbury solista; cosas de la edad. Porque Bunbury, del que una vez dije que era un eterno adolescente, después de todo ha ido madurando, hasta este Las consecuencias, de momento su último LP.

            Porque, quién lo iba a decir, Las consecuencias es un disco maduro, el primero que ha parido Bunbury. No implica esto que los anteriores sean malos, claro; hablo de actitud, de letras, de sensibilidad. Hay un salto mental importante, creo, desde Hellville de Luxe —que estaba muy bien— y éste último. Una serenidad que se refleja en una colección de temas tranquilos, íntimos, donde el cacho de voz de Bunbury está arropada por una instrumentación mínima, muy bien escogida, mayoritariamente acústica, con esas guitarras de cuerdas crujientes tan adecuadas, y alguna eléctrica de vez en cuando. Temas tranquilos y sencillitos, pero muy bien pensados y mejor interpretados. Hay algunos perfectos para la bajona, pero excelentes, como Es hora de hablar o Ella me dijo que no, o alguno un poco más rockero, como Los habitantes, y sobre todo la versión del tema Frente a frente —popularizado por Jeanette—, muy potable, Lo que más te gustó de mí y la que creo que es la mejor canción que ha compuesto este hombre: 21 de Octubre. Por letra y por música, es una canción impecablemente redonda.

            En fin, un disco muy majo. Si no se soporta a Bunbury, mejor pasar, claro, pero si se le tiene cierto aprecio —y yo se lo tengo, aunque sea, sí, un poco hortera—, o si simplemente a uno le da igual el carácter de un músico a la hora de escuchar su música —yo es que con Mike Oldfield me he curtido en esto a base de bien— merece la pena darle un par de escuchas como mínimo. Los que me conocen saben que yo en cuestiones musicales soy un viejuno que apenas escucha nada que no sea de antes de nacer yo, pero, no sé, Bunbury siempre tiene algo en sus discos, algún tema que me hace tilín.

            Por cierto, les cuento una historia. Yo soy de los que todavía compra CDs. Tengo una coleccioncilla que voy ampliando cuando puedo, poco a poco. Si me gusta un disco, procuro pillarlo en formato físico. Bien, el otro día estuve en una conocida tienda cuyo nombre empieza por F y acaba por nac y me dio por buscar Las consecuencias. Valía veinte euros. Un disco que lleva ya varios meses a la venta. Y no era una edición especial ni con discos extras; venían los diez temas pelados y mondados. En la estantería se quedó, claro. En fin, ellos que sigan a su rollo, que yo seguiré escuchando el disco en Spotify.