La Coctelera

The Watcher and The Tower

Blog acerca de cómics, libros, música y lo que tenga a bien su autor.

7 Junio 2011

Sobre la continuidad.

Anda la gente, andamos, desde la semana pasada revolucionados con la decisión de DC Comics de reiniciar todas sus series desde el número 1. Parece que dicho reinicio conllevará un "reseteo", es decir, volver a ignorar la continuidad para partir de cero y hacer, en principio, mejores tebeos. O sea, que se identifica la “continuidad” como el mal a erradicar. Pero, al mismo tiempo, la nueva situación creará una nueva continuidad, que dentro de tres, cinco o diez años, se volverá molesta y será eliminada de nuevo. Y así, hasta el infinito.

Me van a permitir ser un poco egoísta en este post: me importa tirando a poco todo este follón. No sólo porque nunca haya sido lector de DC, que también, sino también porque, cada vez más, el ir y venir de Marvel y DC me resulta anacrónico, de otra época, de otro paradigma editorial, aunque aquí sigan ambas haciendo todo el ruido mediático que pueden, que es mucho. Pero sí, este tipo de cosas sirven para reflexionar acerca de en qué momento se fue todo a la mierda y qué opciones podría haber para, de aquí en adelante, tener una situación que permitiera la salida al mercado de cómics interesantes.

La continuidad, ese leviatán incontrolable, tal y como hoy lo conocemos fue inventado por Stan Lee y refinado y racionalizado por Roy Thomas. En Marvel, claro. En DC Comics intentaron durante los setenta imitar el modelo, aunque lógicamente no podía funcionar igual de bien. Los personajes de Marvel nacieron con continuidad, los de DC habían vivido décadas sin ella y acumulaban centenares de tebeos inconexos unos con otros. Pero ¿qué es exactamente la continuidad en los tebeos? No es otra cosa que la idea de saga, de que lo sucedido en un número de tal colección influye en los siguientes, “ha sucedido”, no es olvidado por los protagonistas. Evidentemente no es algo nuevo. Desde el folletín décimononico hasta cualquier tira de prensa, pasando por los seriales de radio y las series televisivas, el concepto estaba bien explotado y Lee sólo tuvo que exportarlo a un formato, el de comic-book, que tradicionalmente no lo había usado. Él y Thomas después lo que hacen es añadirle elementos propios de ese formato y del género de los superhéroes: la idea de que todos los personajes de la editorial viven en el mismo universo, la posibilidad de “cruzar” las historias de diferentes colecciones, etc.

Como puede deducirse de su pervivencia hasta nuestros días, la continuidad fue un arma muy útil en aquella época. Creativamente, permitió dotar de mayor complejidad a los personajes, matizarlos, liberarse de clichés, además de multiplicar las posibilidades en los enfrentamientos entre tal o cual héroe y villano. Comercialmente, fue una jugada maestra: podía publicitarse la colección de un personaje con su aparición en otra serie, se atraía la atención sobre toda una línea editorial y no sólo una colección, y sobre todo, estimulaba el coleccionismo. Tener agujeros en la serie de Action Comics en los cincuenta no tenía ninguna importancia, pero perderse un número de Amazing Spider-man o The Avengers creaba la sensación de vacío, de haberse perdido algo. Por no hablar de que, incluso teniendo una serie completa, podía aludirse a lo sucedido en otras. En los primeros tiempos, someros resúmenes en cartuchos de texto o primeras páginas explicativas servían para que esa sensación fuera un aliciente más y no un elemento excluyente hacia el lector, y ahí estaba la gracia: cuando un chaval tenía edad suficiente para empezar a leer tebeos de superhéroes, se enteraba de la mayoría, podía seguir sin problemas las tramas, pero tenía la posibilidad de indagar, de buscar números antiguos, de comprar otras series. Ya digo, funcionó también que DC intentó copiarlo, sin tener en cuenta que era, en su caso, imposible.

Por pura lógica, la continuidad es acumulativa. Años y años de serialización hacen cada vez más complicado estar al día, acordarse de todas las aventuras, hacer de manera coherente que el héroe las recuerde e influyan en su presente. A esta consecuencia inevitable, se une un factor que sí podría haberse evitado. En los inicios de Marvel, es evidente que Lee y el resto de creativos tenían la clara intención de hacer avanzar el tiempo en la ficción a un ritmo parejo al real. En los dos primeros años de universo Marvel, Peter Parker dejó el instituto y se matriculó en la universidad, los X-Men también se graduaron —todos a la vez aunque tenían diferentes edades, pero ésa es otra cuestión—, los personajes maduraban y se tenía la sensación de que el tiempo pasaba. Pero el éxito brutal que tuvo el invento cogió a todo el mundo por sorpresa, y “obligó” a ser infinitamente más conservadores a los guionistas. Dicho de otra manera, el valor de marca volvió a pesar. Habría matado por ver un universo Marvel en el que el tiempo hubiera seguido avanzando, en el que hoy Peter Parker fuera un hombre de sesenta años y algún hijo o discípulo hubiera tomado su lugar. Pero no podía ser. Había que mantener a los personajes en una franja de edad determinada, y, al mismo tiempo, seguir con el invento de la continuidad y con ese apego a la sociedad de su época que siempre caracterizó a los tebeos de Marvel. Creo que fue John Byrne el que se inventó aquello de que siete años reales equivalen a uno de Marvel. Como explicación de emergencia, los años de perro fueron una solución decente, aunque tuviera, lógicamente, fecha de caducidad.

Hoy esa ilusión ya es imposible de mantener. Ni siete años igual a uno ni historias: Peter Parker lleva teniendo la misma edad desde el año 1980. Por otra parte, que Tony Stark sea veterano de Corea o Ben Grimm y Reed Richards de la ¡segunda guerra mundial! no ofrece, hoy en día, más solución que simplemente obviar esos datos.

Y eso, empezar a obviar elementos de la biografía de los personajes, es el primer paso para que la continuidad se vaya al garete. Porque en el momento en el que se rompe el tabú de eliminar algo, entonces se está abriendo la puerta para que cada guionista haga de su capa un sayo. Es comprensible, además. La continuidad era manejable en la época de Thomas, en la de Steve Englehart, o en los ochenta. Había una cantidad de tebeos manejable. Pero ¿hoy en día? Es virtualmente imposible que un guionista, a no ser que haya sido lector compulsivo durante toda su vida, conozca todos los hechos de un personaje con cincuenta años a sus espaldas, y no va a leerse cientos de cómics para ponerse al día. Aparte, claro, de los cientos de incongruencias que se han ido acumulando. Hasta los años 90, los editores eran unos fricazos del quince. Se sabían todas, vigilaban que no hubiera errores de coherencia, y hasta existía un cargo que era algo así como el guardián de la continuidad. Un fallo era eso, un fallo. Pero se intentaba mantener a toda costa la ilusión de la continuidad, porque el legado era importante. En DC, lo mismo. En los ochenta llegaron a un callejón sin salida tras haber acumulado varias versiones de los mismos personajes, diferentes orígenes, y parches varios: Crisis en Tierras Infinitas, un tebeo demencial y completamente ilegible si no se es un fan hardcore de DC, establecía un punto de partida nuevo, fijaba el pasado oficial del universo DC y dejaba todo listo para empezar a funcionar exactamente igual que funcionaba el de Marvel.

Hasta que todo se vino abajo a finales de los noventa. Era lógico. Como decía, el mero paso de los años iba acumulando naipes a un castillo que llevaba tiempo amenazando con venirse abajo. Los desfases de los noventa, los cross-overs interminables, y los guionistas poco capaces que heredaron el modelo clásico de la editorial e intentaron mantenerlo pero sin el oficio y los conocimientos de sus predecesores —es decir, cambiar a Claremont, Stern o Mantlo por Lobdell, Nicieza y Mackie— montaron tal fregado que convirtieron los tebeos de Marvel, salvo contadas excepciones, en un dislate completamente incomprensible para alguien de fuera. Si alguno de los que lea esto tiene colecciones mutantes de la época, que haga la prueba, que intente leer sólo una, sin recurrir a otras. Es imposible.

Y en esto que llega Joe Quesada. Y se encuentra un universo agonizante, un barco que se hunde con la tripulación dentro, empecinada en no cambiar el modelo editorial. Si la continuidad nos ha llevado al abismo, nos tiramos con ella. Quesada llega sin prejuicios, y con dos símbolos del dólar en las pupilas. La continuidad le importa un carajo, lo que quiere es reflotar las ventas. Y para ello, revolución: cada día se monta un espectáculo diferente. Fuera la vieja guardia, los Busiek, Waid y Lobdell, y para adentro con nuevos valores provenientes del cómic independiente, la novela, la televisión… de cualquier sitio menos del pasado de Marvel. Los editores son igualmente sustituidos, como Axel Alonso que vino de Vertigo a hacerse cargo de las series de Spider-man sin tener ni idea del personaje. En su momento, todos estos movimientos, como fan letal que era, me horrorizaron. Hoy creo que fue lo mejor que pudo hacerse. Ahora, salió mal, porque se cometió un error fatal: quedarse entre Pinto y Valdemoro.

Porque la continuidad, oficialmente, siguió existiendo. No se quería echar al viejo fan, y por eso no se le daba matarile. Ese “sí pero no” fue lo que llevó al fracaso creativo a la larga a los planes de Quesada. Un día decía que tal historia no había sucedido porque le salía del orto, otro se sacaba de la manga una línea entera donde partir de cero, Ultimate, pero otros seguían cometiendo errores de continuidad y dando explicaciones sobre ellos, como toda la vida. Era irritante. No sé si fue falta de valor por su parte u órdenes de arriba, pero esa indeterminación fue determinante. Sólo así se explica que se relancen los X-Men con Morrison, que no tenía ni puñetera idea de la historia del grupo, aunque escribió las mejores historias del mismo en años, y el paso siguiente fuera traer de nuevo a Claremont al timón.

Era demencial. Y la primera Marvel de Quesada, llena de series diferentes, con autores muy diversos, malos y buenos, claro, pero por lo menos con propuestas distintas a lo ya visto, dio paso a una dominada totalmente por B.M. Bendis. Bendis, guionista repetitivo, lento, tramposo, empezó a aglutinar más y más poder. Y acabó por establecer su propia continuidad, pero, y aquí está el follón, vinculada a la de toda la vida. Bendis no sabía nada del universo Marvel, pero si el decía que tal o cual cosa había sido de tal manera, todo el mundo asentía y daba el visto bueno. Y empezaron los cross-overs continuos, a partir de Civil War, que convirtieron lo que era un panorama medianamente saneado en el que uno podía seguir casi sin problemas una sola serie, en una pesadilla de tie-ins. El universo vuelve a estar hoy como estaba en los noventa, completamente embrollado, sólo que, además, los guionistas dan todavía más palos de ciego porque no se saben al dedillo la historia de sus personajes, ni ganas que tienen de aprenderla.

Para qué, además, si no tendría ni pies ni cabeza. Hoy, un guionista con voluntad de dotar de un sentido a toda la historia de un superhéroe, tendría que dedicar años a cuadrar las incongruencias y explicarlas para que no sean tales, como hacía el bueno de Busiek, pero a lo bestia, porque hoy el desaguisado es aún mayor. Y renunciar a contar tus propias historias, evidentemente, es absurdo, porque además el resultado sería malísimo. Mientras, en DC, ¿cuántas crisis han tenido desde las primeras? Y siempre el resultado es el mismo: se parte de otro punto cero, se cometen mil errores, y en pocos años hay que empezar de nuevo porque nada tiene sentido.

Y aquí es donde se encuentran Marvel y DC. Cuatro páginas me ha costado llegar. La primera es un galimatías hermético en el que cada mes se cometen decenas de errores, la segunda está a punto de volver a pulsar el reset. Y digo yo, tomando aire… ¿por qué no mandan de una puñetera vez la continuidad a la mierda? Los tiempos en los que era una herramienta útil y poderosa no es que hayan quedado atrás, es que no queda nadie vivo en la editorial que los recuerde. Es un vestigio del pasado, que yo disfrutaba mucho, pero que no tiene sentido si la has hecho saltar por los aires veinte veces. Es una rémora. Actualmente cada guionista cuenta lo que le sale de las narices, pero siempre tienen que ajustarse mínimamente a la continuidad, o luego sacan otro tebeo en el que explican las cosas intentando, en vano, dotarlas de sentido. Ahora DC, si se confirma que empieza de nuevo, considera que habrá más “libertad creativa” y mejores historias… es decir, que ahora resulta que el problema no está en los editores con egos como camiones, en los autores malos y en los intereses económicos que hace mucho tiempo que dirigen la editorial, sino en la continuidad. Y encima, ni siquiera la matan del todo. Pues nada, el eterno retorno otra vez.

Yo tengo mi propio plan de viabilidad. Si yo fuera directivo de Marvel, si tuviera que decidirlo yo, daba seis meses para que los equipos creativos terminaran las historias en curso, y se acabó. Ni siquiera haría un gran evento. Simplemente, volvería al paradigma precontinuidad. Creo sinceramente que pasará cuando la grapa muera, que morirá. El concepto de continuidad va íntimamente ligado al de serialización. Si desaparece el segundo, es cuestión de tiempo que desaparezca el primero. Y a partir de ahí, lo que a mí me gustaría es que imperara otro modelo, uno en el que vuelvan a importan los autores, en el que la gente se interese por un tebeo no sólo por el muñeco que salga, sino por quién lo haga. Sería, al menos, la única forma en la que yo volvería a interesarme por los superhéroes, y creo sinceramente que no soy un caso único. Además, sería la mejor forma de atacar al público masivo, ése que llena las salas para ver las películas de superhéroes, sean buenas o malas, pero que luego no se acercan a un cómic ni a diez metros. El cómic se ha convertido en un reducto para lectores de toda la vida, a los que hay que enganchar con mil cross-overs para sacarles todo el dinero posible. Abrir el mercado no es necesario, para las juntas directivas, dado que el dinerito lo dan las licencias, las películas, el merchandising. Los tebeos mejor no tocarlos que así está bien, no vaya a ser que por arreglar un 1% se fastidie lo demás.

En fin, ellos verán. A mí me importa menos de lo que que parece después de escribir este mamotreto. Me quedan muchos tebeos antiguos por leer por primera vez. Pero sí me gustaría que hubiera buenos cómics de superhéroes, que se hicieran tebeos más novedosos, con ideas más cuidadas. Me gustaría de verdad volver a comprarme algo de superhéroes. Pero en este panorama, es simplemente imposible que nadie aporte aire fresco, que venga con una idea que no se haya hecho nunca. Ya se ha hecho todo, veinte veces. La única vía es la autoral, dar manga ancha a autores que sin presiones de fechas de entrega ni continuidad hagan lo que quieran, dentro de las limitaciones lógicas de una franquicia. Dicho de otra manera: el modelo es, debe ser, All Star: Superman. Todo lo que no sea eso, desde mi punto de vista, sólo generará más y más basura ininteligible al mes.

servido por The Watcher 8 comentarios compártelo

8 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Octavio B. (sr. punch)

Octavio B. (sr. punch) dijo

mucha chicha, muy de acuerdo, y por no eternizarme, me agarro a tus conclusiones: sh autorales.
Y digo más: es algo que ya se hizo y que salió bien: la british invasion, los Moore, Morrison con Animal Man, los Gaiman con Orquídea Negra, los Milligan de Shade... autores salidos "de otro lado", que toman personajes añejos (mayormente olvidados) y rehacen las cosas de cero. Si lees el reciente tomo reeditado del Animal Man de Morrison, ves que eso nace, crece y muere en Morrison.
¿Por qué esa vía también se fue, finalmente, al garete? No se me ocurre así en caliente, y no es importante. Porque lo interesante es ver que esa idea (llegar de nuevas, pillarte algo, remozarlo y darlo por acabado.. y si luego viene un nuevo autor a hacer una nueva saga, simplemente será otra cosa, otro tono, otra idea -ver el Animal Man de Delano, por ej, que continuó algo sencillamente incontinuable-) ea forma de hacer, en las pocas ocasiones que se ha repetido (All Star Superman, Batman año 100 de Pope, Omega, X Factor de Milligan/allred) ha vuelto a ser material interesante y defendible.

El problema es de creatividad y valor. Y po otro lado, creo, la maniobra sería, ejem, otro "reboot" de aquellos últimos ochenta, por lo que ni tenemos aquella frescura. El gran tiempo del género Sh temo que ha pasado, su ciclo está completo. Pero... bueno, se puede sobrevivir con dignidad, y no está sucediendo así.

7 Junio 2011 | 06:18 PM

The Watcher

The Watcher dijo

Exacto, ése es el mejor ejemplo. ¿Problema de aquello? Que su aportación se limitó personajes marginales o a proyectos especiales de los personajes importantes. No hubo valor para poner a Moore y a Miller al frente de Superman y Batman, pot ejemplo. Aquello se agotó, creo yo, precisamente porque se derivó a esos autores diferentes al sello Vertigo, se les apartó del universo DC, de la franquicia, como si hubiera miedo... Y probablemente los propios autores prefirieron esto. Muchos se piraron hartos de aguantar tejemanejes editoriales, y en la década siguiente, sobrevino la figura del dibujante estrella que te hace vender millones y el guionista fue defenestrado. Recordemos los X-Men con argumentos de Jim Lee... Cuando hubo una nueva hornada de guionistas estrella, protagonistas de sus series, los Waid, Busiek y demás, eran fanboys que salieron de dentro de la editorial, que tenían una visión conservadora del género y volvieron su mirada a los ochenta y setenta. Los guionistas arriesgados, diferentes, estaban en otra parte por aquel entonces. La apertura del mercado, el auge de las editoriales independientes, permitían, como permiten ahora, que un guionista poco interesa en los SH haga otras cosas. En fin, la cosa es que no se me ocurre cómo revitalizar esto, con qué autores pueden contar. Pero desde luego, con Lobdell, Jurgens y Tony Daniel, van de culo.

Un saludo.

7 Junio 2011 | 09:17 PM

Octavio B. (sr. punch)

Octavio B. (sr. punch) dijo

Claro que no interesa revitalizar. No al menos según nuestro parámetro, que es la tabula rasa... justo ahora que el cine 'puede' y de hecho 'hace' material típicamente pijamero, justo cuando sus iconos saltan al blockbuster, esos Empresarios no van a sacrificar su negocio (y el pan de su camada, algo respetable, por cierto),el 'producto', en beneficio del 'arte'.
pero que no sé, se puede no caer en laberintos tan patéticos, golpes de efecto para fanboys... yo pude leerme el Green Lantern de Jones durante, no sé, un año o más, de verdad. No es nada del otro jueves, su altura es la que es (un refrigerio, no El Bulli) pero con lo de siempre se monta una space ópera al menos con entidad en sí misma. El problema es que carece de fecha de cierre, de esto también hemos hablado en 'otro lado'. Creo que saber ser autoconclusivo sería algo bastante sanote para el mainstream. Es decir, olvidarse de la continuidad, crear como creaba un Doyle para Sherloc Holmes, obras cerradas. Con el incentivo de que a estos Watson y Sherlocks se los puede rebotar a diversos autores que darán giros estilísticos y argumentales, al menos curiosos.
Si hasta no se riñe, la operación, con la idea de crossovers, pero crossovers controlados, pensados, que tengan algo, que ofrezcan "Maravilla", no un galimatías para vender más y más títulos moribundos...

Pero no, hay que exprimir, llegar al nº 100 y rebootear, dale al 01, saca tres portadas alternativas. O mejor, saca 20 números uno y que con todas las portadas te hagas un póster... Que si lo miras de lejos la composición será un turullo de bóvido, es lo de menos. Negocio, no creatividad.

Y de todos modos, creo sinceramente que el ciclo de los Sh está agotado. han tenido su origen, su clasicismo, su manierismo, su barroco, su vanguardia, su posmodernismo... no veo qué puden aportar, aunque ahí aparecen francotiradores como Clowes (que lo lo leí, aunque lo tengo... debería ponerme con Death Ray), o Bacchus, o elOmega... obras que partiendo de cabezas muy superiores a la mía propia, pueden demostrarme que con talento nada ha muerto. Pero ya me entiendes, esa vía "no son superhéroes"...

8 Junio 2011 | 10:05 AM

The Watcher

The Watcher dijo

Yo en este post omito deliberadamente el debate de si están liquidados o no, porque entonces no habría nada que escribir, aunque ya digo al final que se ha hecho todo con ellos. Y sin embargo, si aún encontramos de vez en cuando obras buenas de SH, será porque aún puede contarse algo... Lo que está claro es que no pueden publicarse 52 tebeos al mes y que sean buenos siquiera diez, por pura lógica.

De acuerdo, en todo caso, en que han pasado ya por todas las etapas que comentas, pero no hace tanto que estamos en su posmodernismo, todavía podemos encontrar caminos ahí, o en otros. Sólo hace falta que un autor tenga una buena idea y le dejen ponerla en práctica. Y que Marvel y DC, claro, ofrezcan buenas condiciones, que atraigan a autores que ahora mismo ni se planterían trabajar para ellos.

8 Junio 2011 | 10:20 AM

Octavio B. (sr. punch)

Octavio B. (sr. punch) dijo

sasto, como decía, en el fondo el género puede sobrevivir, si no arrasar como hacía en 1975, o en 1985... gracias a "cabezas muy superiores" a las nuestras. Y en eso tan sencillo está el meollo en mi opinión: reclamo más peso a los autores, y reivindico que los creadores, que son los artistas, tienen una capacidad muy superior a mi imaginación o a nuestras cábalas para superar nuestras disquisiciones derrotistas y sorprendernos con nuevas obras. Lo hizo el equipo Milligan/Allred con X-Force no hace tanto tiempo, o Morrison y Quitely con All Star Superman hace dos días como quien dice.
Confianza en el autor, llevarlo a primer plano. Vale que no abundan los Moore, los Morrison, los Clowes, pero... algún creador tendrá 'Esa Idea' que de un giro, que renueva, que aporte un pasito más... Al menos, en un % de toda una producción que, hoy por hoy, apenas sobrevuela límites de "aceptable" o "Pasable". ¡¡¡Quiero más "Excelente"!!!!!

8 Junio 2011 | 12:18 PM

josé torres

josé torres dijo

La impresión que dan es que no saben si van o vienen. Lo único que se les ve hacer es estirar al máximo la herencia del abuelo. Mancillando con descaro lo que otrora fue una idea genial pero con unas fechas de caducidad que ignoran o simplemente hacen la vista gorda. Poderoso caballero don dinero les impide aprender a morir dignamente. Y al parecer, no solo de "reboot" viven los comics americanos. Ahora también trasladan su estrategia al cine. Y aunque nos estemos atragantando de siempre el mismo potaje, una y otra vez... caemos en la tentación. Amén.

8 Junio 2011 | 06:23 PM

The Watcher

The Watcher dijo

No, claro que no saben dónde van. La cuestión para mí no es que conozcan y respeten lo anterior, se puede ser iconoclasta y hacer obras maestras. No necesito que reverencien a Kirby todo el rato, por ejemplo, pero sí que haya talento. Y sobre lo de caer en la tentación... yo hace unos años me dije "hasta aquí", y dejé de comprar por inercia todo lo que no me gustase, y te juro que no me da ni el gusanillo cuando hojeo algo en las tiendas. Si viera algo que merece la pena, caería otra vez, claro, pero así... como que no. Ahora mismo sólo sigo como antes el X-Factor de Peter David, y no puede decirse que sea una grandísima serie...

9 Junio 2011 | 05:09 PM

Octavio B. (sr. punch)

Octavio B. (sr. punch) dijo

¡Ala, tanto post tanto post! ¿quieres la solución a la "continuidad" a la Marvel? Pues que "no continúe" :D (a propósito del cierre de Uncanny X Men, claro)

9 Junio 2011 | 09:29 PM

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