Cómic: Tamara Drewe, de Possy Simmonds.
Tamara Drewe fue un cómic publicado por entregas en The Guardian, obra de Posy Simmonds, que fue publicado en tomo en España en 2007, y fue uno de los más alabados y comentados durante ese año. Yo no he podido leerlo hasta ahora, y, aunque le tenía ganas, me temo que me ha decepcionado totalmente.
Probablemente no sea tan mal cómic; quiero decir, que no será enteramente culpa suya que no me haya gustado. Simplemente, no me funciona a ningún nivel, empezando por el argumental y acabando por el formal. Es un tebeo ambicioso pero que acusa cierta falta de chispa y quizás la manera en la que se publicó, por entregas: hay momentos en los que el ritmo cae y la lectura se hace muy cuesta arriba.
Respecto a la cuestión argumental, no entro en ningún momento en el mundo creado por la autora, no conecto nunca con unos personajes que me parecen insulsos e intrascendentes, carentes de gancho. Las idas y venidas de unos burgueses acomodados que se mueven perezosamente por la campiña inglesa y sus affaires amorosos y chismorreos me resultan tremendamente anodinos. Ningún personaje me atrapa, todos son demasiado grises, incluyendo, me temo, a la joven Tamara, que da título al cómic y que me parece una muchacha superficial sin carisma ni el encanto que le pretende dar Simmonds. Son,un argumento y un reparto que no desentonarían en una comedia romántica cualquiera, protagonizada tal vez por Julia Roberts en el papel de Tamara y Richard Gere en el de maduro pero encantador escritor de best-sellers Nicholas Hardiman. La sátira que se supone que quiere ser Tamara Drewe, por lo demás, es tan amable que ni sátira me parece: más bien indulgencia.
Además, existen ciertos problemas menos subjetivos. Las dos adolescentes son bastante inverosímiles como tales y aparecen demasiado tarde en la trama, algo que no cuadra con la importancia que acaban teniendo. Hay además ciertas incoherencias, concesiones fáciles a la trama que resultan excesivamente simples, por ejemplo, el hecho de que aun estando segura Tamara Drewe de que alguien entra en su casa y envía correos desde su ordenador, no se le ocurre ni cambiar la cerradura, ni tan siquiera poner una simple contraseña a su ordenador —lo que habría dado al traste con los planes de la autora, claro.
Formalmente, es un tebeo que mezcla con frecuencia el texto literario, el relato ilustrado, con el cómic en su sentido tradicional. No estoy en contra a priori de este tipo de narrativa, pero aquí no funciona, principalmente porque Simmonds no los dosifica bien. A veces los tenemos en muchas páginas seguidas, otras el cómic se adueña de la situación y el texto desaparece. Resultado: el conjunto se empasta en determinados tramos y cuesta leerlo, se hace pesado, no porque haya que leer texto, sino porque hay que leer texto mediocre: no me parece que Simmonds aporte nada con ellos y me resultan aburridos y a veces muy torpes. Da la sensación de que simplemente recurre a ellos porque necesita meter excesiva información para que el cómic funcione, porque no es capaz de hacer avanzar la historia con la mera acción. Me recuerda, por ejemplo, a los indigestos textos que introducía de vez en cuando Terry Moore en Strangers in Paradise. Obtiene mejores resultados con la introducción de las columnas que escribe Tamara Drewe, pero porque ésos existen en el mundo ficticio, son publicados y los propios personajes los leen, y ofrecen información de una manera más ágil y menos forzada.
No es que no tenga sus momentos, Tamara Drewe. El final, la súbita muerte de varios protagonistas, tiene cierto brío. El problema es que no hacían falta tantas alforjas y tantas vueltas para este viaje, ni parece algo premeditado y estudiado desde el principio, sino una salida abrupta con la que terminar la historia dándole a Tamara un happy end no sólo inmerecido, que es lo de menos, sino inverosímil. El dibujo, al menos, es agradable, un trazo muy suelto, aunque hay pequeños problemas de caracterización de personajes —es sorprendente descubrir que Nicholas tiene cincuenta y cinco años, a juzgar por cómo es dibujado— y unos colores aplicados con buen gusto aunque con objetivos narrativos no siempre del todo claros. En fin, decepción máxima la que he sufrido con Tamara Drewe.



el tio berni dijo
Si te sirve de consuelo, a mí me pareció un bodriete.
13 Junio 2011 | 11:19 PM