Kirby y la justicia.
Estos últimos días hemos conocido la sentencia final del juicio que mantenían los herederos de Jack Kirby contra Marvel, intentando conseguir los derechos de los personajes que Kirby creó o cocreó en los 60. Yo no voy a comentar este juicio; no he leído el texto de la sentencia, ni lo he seguido de manera especial. No sé qué movía a sus herederos, aunque por la naturaleza de la demanda es fácil suponer que el vil metal, y cuanto más mejor. Tampoco voy a entrar en si ha sido o no inteligente plantear en esos términos el juicio: probablemente no. Todo esto para mí no es otra cosa que un símbolo. Un símbolo de todo lo malo que tiene una industria que acarrea desde su nacimiento una historia de violencia innegable, de explotación y de maltrato.
Estoy leyendo muchas cosas estos días. A favor y en contra. No es mi intención contestar a nadie en particular, pero tampoco puedo quedarme callado. Defender el sistema de explotación de la industria del comic book con argumentos como que daban de comer a los autores me parece, sencillamente, inmoral. No quiero ofender a nadie, y tengo el máximo respeto por cualquier opinión, pero así lo siento y así lo tengo que decir. ¿Quién dio más de comer a quién? ¿Quién se forró y quiénes han muerto sin un duro a lo largo de las décadas? ¡Por favor! Los autores han recibido las heces de la copa que ellos mismos llenaron. Y me da igual el contrato de mierda que le obligaran a firmar a Kirby en el 74. ¿Tenía acaso otra opción aparte de firmarlo? ¿Podría haber dibujado fuera de la gran industria? Que se lo pregunten a Gil Kane, por ejemplo, si se podía. Se argumenta que Marvel “presta” sus creaciones a unos autores que pueden así ganar dinero y ser conocidos, que la marca Marvel y sus iconos son la base de la industria, y no los autores. Aparentemente tiene lógica.
Pero ¿de dónde salen esos iconos? ¿De la editorial? No. Marvel no existe. No es nada. Una corporación sin rostro que ha cambiado de manos una decena de veces. No crea nada, no genera ningún contenido. Alguno se piensa que sus personajes salieron de un ordenador gigante, o de la Unimente. Y no. Cada uno de sus personajes es creación de un señor o señores con nombres y apellidos. Se argumenta que la editorial asume el riesgo económico. Estamos en lo de siempre. La lógica empresarial de mierda: yo te publico tus cosas, y te doy 10. Si gano 1, he perdido 9; si gano 1.000, he ganado 999. Pero tú nunca, jamás, volverás a ganar más que esos 10 que te di la primera vez. Si no vendes, te echo. Si vendes, lo mismo también, y tu creación se queda conmigo. Si reimprimo tu trabajo, no ves un duro. Si imprimo una camiseta con tu dibujo, o vendo los derechos para una serie de televisión, tampoco. Porque, ah, el icono es mío. Tú no serías nada sin él.
Por supuesto que Marvel pone de su parte. Sólo faltaba. Se está jugando su dinero, qué menos que que promocione y gestione adecuadamente sus propiedades, para hacerlas conocidas y que generen más beneficios. Pero lo injusto, lo que me saca de mis casillas, es precisamente eso, el rollo de la “propiedad”. Será legal, pero no es, desde un punto de vista humano, justo. Esto sólo pasaba en los tebeos, además. En la literatura, un autor cede, y cedía, los derechos de explotación de su obra, pero nunca, jamás, los derechos de autor. Éstos se llaman así por algo: son inalienables, nadie puede sustraer a un escritor ese derecho sobre su obra, por draconiano que sea el contrato que firme. La lógica de Marvel es perversa porque establece que el personaje es creado por Marvel. Y eso es falso. La coartada del trabajo de encargo tampoco me vale. ¿Cómo puede argumentarse que tal o cual autor creó a un personaje en el seno de una empresa si no estaban en plantilla, si no tenían ni sueldo? La realidad innegable es que Spiderman, la Cosa, Cíclope o quien queramos no es creación de “Marvel”, sino de unos autores que fueron quienes dieron en el clavo. Ver la cosa al revés pervierte el debate: no es Marvel la que permite a los autores ganar dinero; son los autores los que dan un trabajo a Marvel que la hace de oro. Cobraron mejor o peor, pero siempre una miseria comparado con lo que ganaban sus jefes. Entregaban sus originales y ahí acababa cualquier retribución. Si pedían lo justo, patada. Si hablaban de crear un sindicato —por dios, que eso es de comunistas—, patada. Que no hubieran aceptado, pensará alguno. ¿Qué opción había? ¿No dibujar, irse a una obra? Un autor no podía hacer otra cosa si quería seguir siéndolo. Justificar la injusticia empresarial con ese argumento será, hoy, ayer, y siempre algo infame. El trabajador es el eslabón más débil de la cadena, el que no tiene elección, el que está cogido por las pelotas.
Hablemos de Kirby, venga. A veces parece que era un mindundi que pasaba por allí y que gracias a la chispa de Stan Lee tuvo éxito. Y no. Kirby ya era un monstruo. Era un artista reconocido y reputado antes de trabajar con Lee. Igual que Steve Ditko, Bill Everett o Gene Colan. La primera hornada de dibujantes de Marvel no era precisamente moco de pavo. Y por supuesto, Kirby sin Lee demostró mucho más que Lee sin Kirby o Ditko. Es así, al menos para mí. Kirby se mató a trabajar como un animal. En los dos o tres primeros años dibujaba casi todo, diseñaba personajes, le ponían en los primeros números de muchas series porque era el artista estrella de la editorial. Qué curioso, ¿verdad? Stan Lee no era suficiente reclamo para el lector, parece ser. Kirby aceptaba esta sobrexplotación a pesar de que lógicamente repercutía en la calidad de su trabajo, aceptaba que no le devolvieran los originales y que le cascaran al golfo —en el buen sentido— de Vinnie Colleta como entintador.
Y luego está Stan. Claro que tenía su mérito, por supuesto. Stan, el hombre para todo, el showman, el vendedor definitivo. Stan sabía qué tecla pulsar, cómo hablarle al lector, se sacó de la manga los crossovers y la continuidad como la mejor manera de enganchar a la gente y vender más cómics. Tenía buenas ideas, y un sentido del melodrama, del culebrón, excelente. Ahora, las cosas en su sitio. Yo era el primero que alababa a The Man, pero cuanto más leo del tema más se me cae del pedestal. No puede estar todo el mundo equivocado: las evidencias, lo que él mismo ha dicho a veces, demuestran que Lee hacía lo justito. Daba una idea de una línea a un dibujante que se curraba veintidós páginas de tebeo y luego se ponía en los créditos como “guionista”. Y a eso lo llamó “el método Marvel”. ¿Ven como es el vendendor definitivo? Hasta de sí mismo. Quien defienda que eso es justo no sabe cómo se hace un tebeo. ¿Si yo le digo a un amigo escritor que escriba una novela sobre un calamar hemofílico y la hace, yo soy el coautor? Como mucho, podrá decirse que esa novela está basada en una idea original mía. Pero la obra es de quien la desarrolla, punto. Stan estaba a todas. No se perdía un sarao. Concedía entrevistas con su sonrisa perfecta y su labia chispeante, se fotografiaba con muñecos gigantes y actores disfrazados de los personajes mientras Kirby, Ditko o Everett estaban doblados sobre la mesa de dibujo. Ha pasado a la historia como el creador de unos personajes que ya son mitos contemporáneos. En EE UU es una pequeña celebridad; ¿quién se acuerda de Kirby? Nadie, entre el gran público. Lee además ha mentido como un bellaco. Sus contradictorias declaraciones, su conveniente mala memoria, son lamentables. Oírle contar cómo se le ocurrió la idea de Spiderman y luego leer sobre Joe Simon y Kirby y su idea preliminar es vergonzoso, y tiene mala defensa, francamente. Lo mismo para muchos otros personajes. Es evidente que Lee se ha vendido a sí mismo durante mucho tiempo como el creador único de todos los personajes, y a sus coautores —o autores, sin el co, en muchos casos— como meros dibujantes que plasmaban en el papel sus dictados.
La realidad es otra, y sólo desde hace pocos años la estamos empezando a conocer. Pagaría para que Ditko hablara; creo de verdad que es el que tiene la llave de todo. Pero no hace falta para saber que a partir de unos pocos números tanto Ditko en The Amazing Spider-man como Kirby en Fantastic Four llevaron el cotarro a su antojo. Lee ponía los diálogos, o eso nos han dicho —yo ya no me fío—, pero los argumentos, la narrativa, los diseños, eran de Kirby y Ditko. Qué casualidad que fuera a estas dos, las series más exitosas de Marvel, a las que Lee permaneciera vinculado durante más tiempo en los créditos. Examinemos sin mitomanía ni romanticismo las series donde Kirby abocetó a toda leche unos cuantos números y luego dejó paso a dibujantes con menos ideas. The Avengers una vez se marchó y hasta que llegó Roy Thomas a los guiones es muy, muy chunga. Cada mes pasaba lo mismo, en todos los números los héroes se peleaban, los villanos eran siempre los mismos y sus planes cualquier cosa menos elaborados. Lo mismo para The X-Men. Sin Kirby, prácticamente no se creó a ningún personaje nuevo que hoy se recuerde, ni ninguna historia fue memorable. Y no digo, ojo, que Lee no hiciera nada. Digo que hacía muy poco, en el nivel creativo, que es la base de todo esto.
No digo que Lee sea mala persona, por supuesto. Pero no se ha comportado siempre bien. Stan ha mentido, ha inventado a su antojo el pasado, aparece en series de televisión, películas y programas contando su historia, cómo creo a tal o pascual. Pocas veces se acuerda de Kirby. Es lógico que éste acabara cabreado con Lee escuchando según qué cosas. Pero claro, para el fan, Stan es “el bueno de Stan” y Kirby un tipo seco que no tenía don de gentes. Stan cumplió su papel, fue el hombre de empresa, la voz de su amo, el defensor de los intereses corporativos frente a los dibujantes. Cuando tuvo que elegir se posicionó a favor del poder. Kirby, Ditko y los demás no eran sus compañeros de trabajo; eran sus empleados. Stan fue bueno. No dio problemas. O no muchos, que cuando le interesó, bien que demandó para sacarse unas perrillas. Se le pagó con aquel “Stan Lee presenta”. Los demás fueron ninguneados sistemáticamente. Los homenajes, las menciones en números especiales y demás, son muy recientes, probablemente no antes de los noventa. Carlos Pacheco contó hace tiempo que le taparon una dedicatoria en una viñeta, no recuerdo a quién.
La industria, la empresa, asfixia al creador. Se le trata como si fuera un obrero en una cadena de montaje, y no es eso. Reconocerle más sería arriesgarse a demandas, a tener que dar dinero. Por eso, y no por otra cosa, persisten en esa situación. Hoy al menos los dibujantes y guionistas de Marvel o DC están mejor remunerados, aunque cada paso en la lucha por su dignidad lo han dado ellos y en contra de la fuerza que ejercía la maquinaria. Pero no se aplica con efecto retroactivo, de manera que un dibujante como Colan muere en la miseria y a Marvel no le tiembla el gesto. Porque no tiene, porque no es nadie. Porque es un ente invisible, un mecanismo que sólo busca ganar dinero. La sentencia y este juicio en concreto son lo de menos. Posiblemente estaba destinado a solucionarse así, y ciertamente no hubiera sido justo que esos personajes hubieran pasado a ser propiedad de los herederos, que probablemente los habrían vendido al mejor postor. No es eso lo que yo quiero, pero mi opinión es lo de menos: yo soy un radical que cree que, a estas alturas, esos personajes deberían ser de todos, de dominio público.
Aquí lo que importa, como ya habéis dicho muchos, es el espíritu que mueve todo el cotarro. La verdad absoluta que hemos aceptado nosotros como aficionados y los autores como tales: que no hubo otra forma de hacer las cosas, que eran otros tiempos, que Marvel también hace lo suyo. El fanboy ama al personaje y el personaje, le han dicho siempre, es propiedad de Marvel. Los autores van y vienen pero el personaje es eterno, le dicen. Y surge por generación espontánea, por lo visto. La lógica de Marvel dicta, debe dictar porque si no todo se va a la mierda, que el personaje es el que vende. Que cuando ellos venden un póster con un Spiderman de John Romita, se vende porque sale el lanzarredes, que lo mismo habría sido hacerlo con una ilustración de Al Milgrom. Esa idea de que los personajes se venden solos fue lo que llevó a la bancarrota a la editorial durante los noventa. Porque no lo hacen, claro. Al final quedan las buenas historias y las buenas etapas, fruto del trabajo de los autores, no de la editorial. Y al final, todo se reduce a eso. Kirby sin Marvel seguiría siendo Kirby. Marvel sin Kirby, directamente no sería.


JB dijo
Me parece el mejor análisis que he leído sobre el tema. Gracias por decirlo tan claro.
1 Agosto 2011 | 11:27 PM